El artículo critica el sistema primario español, argumentando que a pesar de ser presentado como una innovación democrática, ha reforzado el liderazgo autoritario dentro de partidos como el PSOE. Inicialmente visto como un mecanismo para aumentar la participación y conectar a los partidos con sus bases, el sistema en cambio ha fortalecido el liderazgo personalista, debilitado los controles internos y erosionado el pluralismo político. El autor destaca ejemplos como las primarias de 1998 entre Almunia y Borrell, donde el aparato del partido influyó en los resultados. El artículo argumenta que si bien el sistema estaba destinado a promover la apertura, a menudo resulta en una competencia desigual, con líderes establecidos que se benefician de la visibilidad de los medios y el control de los recursos.
Lectura del sesgo (Progresista): El artículo enmarca el sistema primario como un mecanismo defectuoso que refuerza la autoridad de arriba hacia abajo en lugar de promover la democracia genuina.





