El terremoto de magnitud 4 en la escala de Richter azotó el oeste de Colombia el lunes por la mañana, matando al menos a 250 personas y dejando a miles de heridos y sin hogar. Los equipos de rescate corrieron contra el tiempo para localizar a los sobrevivientes atrapados bajo los escombros, dos días después de que el desastre devastara pueblos y ciudades en la región cafetalera. Los temblores, que se sintieron en partes del país, causaron una destrucción generalizada, con más de 9.550 hogares destruidos y más de 30.300 familias afectadas. En la ciudad de Cali, la tercera más grande de Colombia, más de 56 edificios se derrumbaron, lo que resultó en al menos 95 muertes y casi 1.000 heridos.
En Pereira, ubicada cerca del epicentro, al menos 79 personas perdieron la vida, según informes de las autoridades locales. El terremoto se produjo pocos días después de que el presidente Abelardo De La Espriella asumiera el cargo, después de haber derrotado por poco al candidato izquierdista de su predecesor en una plataforma centrada en reducir el gasto público y aumentar la seguridad. El presidente visitó las áreas más afectadas a principios de la semana, prometiendo ayuda a los desplazados y sin trabajo. Sin embargo, el desastre ya ha puesto a prueba a su administración, y los críticos cuestionan si el gobierno estaba adecuadamente preparado para una crisis de este tipo.
Las autoridades locales han impuesto toques de queda para evitar saqueos, mientras que los esfuerzos de ayuda internacional continúan a pesar de las afirmaciones iniciales del gobierno de que habían rechazado las ofertas de asistencia extranjera. Las operaciones de rescate en Cali se concentraron en siete edificios donde los sobrevivientes aún podrían estar atrapados. En el complejo Torres del Limón, en la parte sur de la ciudad, los residentes trabajaron junto con personal militar y trabajadores municipales para limpiar los escombros usando cadenas, excavadoras y mano de obra manual.
Mientras tanto, en Pereira, una enfermera de 49 años llamada Indira Meneses describió cómo su casa se derrumbó, atrapando a ella y a sus hijos dentro. Sus vecinos les ayudaron a escapar, pero ella relató el trauma de perder a un amigo que murió bajo los escombros. "Esperamos ayuda de las autoridades locales para reconstruir y compensar lo que hemos perdido", dijo, y agregó que nadie había llegado aún para ayudar. El terremoto también ha interrumpido la infraestructura clave, incluidos los aeropuertos y las rutas de transporte.
A pesar de esto, las exportaciones continuaron a través de puertos del Caribe, ya que Colombia sigue siendo el tercer mayor productor mundial de café. El sector agrícola, que apoya a cientos de miles de hogares, se enfrenta a graves desafíos debido a la destrucción de granjas y la pérdida de medios de vida. La federación nacional de productores de café está evaluando actualmente la magnitud del daño, mientras que los equipos de rescate luchan por navegar por un terreno inestable en la región de la selva de Chocó, donde muchas comunidades indígenas permanecen sin electricidad o servicios básicos. Las organizaciones de ayuda internacionales han comenzado a entregar suministros desde Perú, México y El Salvador, coordinadas por el ministro de Relaciones Exteriores colombiano, Omar Bula.
El líder del equipo de búsqueda y rescate mexicano, Topos Azteca, confirmó que habían llegado directamente de Venezuela, que había sido golpeado por dos terremotos destructivos a principios de junio. Además del alivio físico, el apoyo emocional se ha vuelto crucial a medida que los sobrevivientes relatan experiencias desgarradoras. Rosa González, que escapó con su hija pequeña de un hotel en Pereira, describió cómo el edificio se derrumbó detrás de ellos.
Muchos residentes se han refugiado al aire libre, por temor a que nuevos terremotos puedan provocar deslizamientos de tierra o derrumbar estructuras adicionales. En Cali, algunos vecindarios permanecen sin electricidad ni agua limpia, lo que obliga a las familias a depender de refugios improvisados. Alberto Machado, un padre de 34 años, describió cómo su hijo quedó solo en la escuela mientras él y su familia regresaban a casa. Su casa fue completamente destruida, por lo que su esposa, su suegra y dos hijos pequeños pasaron la noche con familiares. En un centro comunitario que se preparaba para albergar a 60 personas, incluidos 30 ancianos de una casa de retiro dañada, los voluntarios distribuyeron alimentos y suministros médicos.
Mientras tanto, el impacto humanitario se extiende más allá de las preocupaciones inmediatas de supervivencia. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) advirtió que el terremoto podría conducir a nuevos desplazamientos, especialmente dado el conflicto en curso y las crisis migratorias en la región. "Para las personas desplazadas internamente y los refugiados que intentan reconstruir sus vidas, este terremoto podría convertirse en otra ola de desplazamiento además de las anteriores", dijo el portavoz de ACNUR, Eujin Byun. La situación sigue siendo grave, con más de 400 personas desaparecidas y decenas de miles de hogares gravemente dañados o completamente destruidos.
A medida que los equipos de rescate trabajan incansablemente para encontrar sobrevivientes, el esfuerzo de recuperación a largo plazo requerirá un apoyo internacional sostenido y una coordinación nacional.
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