El 4 de junio, el cuerpo de Lyhanna fue encontrado en Puycasquier, en el suroeste de Francia, pocos días después de haber sido secuestrada. El sospechoso, Jérôme Barella, ya estaba bajo custodia para ser interrogado cuando los investigadores descubrieron que no era un extraño para el sistema de justicia, su nombre apareció en múltiples casos de delitos sexuales contra niños, incluido un cargo de violación con informes médicos y otras acusaciones.
A pesar de estos registros, ninguno de los casos había sido procesado adecuadamente, dejando a Barella libre para cometer más delitos. El fracaso de la aplicación de la ley condujo a la indignación pública, con manifestantes tomando las calles de París a principios de junio. La situación se convirtió en una crisis nacional, lo que llevó al ministro de Justicia, Gérald Darmanin, a ordenar una investigación interna inmediata. Los hallazgos fueron alarmantes: más de 85,047 quejas penales relacionadas con la violencia sexual contra menores permanecieron sin procesar dentro de los departamentos de policía y gendarmería.
Según los círculos judiciales, el ministro recopiló datos de 37 fiscales, detallando cuántos archivos habían quedado desatendidos o ni siquiera habían sido registrados correctamente en las estaciones de policía y puestos de la gendarmería locales.
En Le Mans, seis oficiales abrumados son responsables de manejar aproximadamente 4.000 casos, a menudo sin que se apliquen las medidas adecuadas de protección infantil, conocidas como protocolos de "Mélanie". El informe describió la frustración generalizada entre los investigadores, citando la desmoralización total y un sentido de resignación. Darmanin describió varios factores que contribuyen, incluida la escasez crónica de personal, la falta de trazabilidad, prioridades poco claras, investigaciones incompletas, capacitación profesional insuficiente, incluso dentro de unidades especializadas. También destacó el software obsoleto utilizado por la policía, que continúa actualizándose a pesar de su alto costo.
Este retraso tecnológico resulta en que las quejas permanecen inactivas, los sospechosos no son procesados y los procedimientos se retrasan o se abandonan por completo. La lluvia ha provocado un amargo conflicto entre Darmanin y Núñez. Mientras que Núñez expresó su decepción de que estos problemas se hicieran públicos en lugar de abordarse internamente, Darmanin parece haber trasladado la culpa a otro ministerio. Esta estrategia se volvió contraproducente rápidamente, ya que se hizo evidente que el propio Darmanin fue cómplice de los fracasos. La disputa subraya la disfunción más amplia dentro de la estructura administrativa francesa, donde la rendición de cuentas es evasiva y prevalece la inercia institucional.
A medida que el escándalo se desarrolla, el foco sigue estando en los defectos sistémicos que permitieron que la muerte de un niño ocurriera en tales circunstancias. Con tres millones de archivos sin resolver y preocupaciones continuas sobre los mecanismos de protección infantil, el llamado a la reforma se hace más fuerte. El gobierno enfrenta una creciente presión para abordar las causas profundas de esta crisis, asegurando que los casos futuros no terminen en tragedia debido a la negligencia burocrática. El destino de Lyhanna sirve como un sombrío recordatorio de la urgente necesidad de cambio.
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