La policía estaba observando las protestas. Pero ¿quién las estaba observando? Esta pregunta está en el corazón del Caso 137, una nueva película del director franco-alemán Dominik Moll, que profundiza en las tensiones y complejidades de las protestas de los Chalecos Amarillos de 2018 en Francia. La película se abre con imágenes vívidas de barricadas hechas de artículos domésticos, evocando una sensación de caos que recuerda a las revoluciones históricas. Estas escenas sentaron el escenario para una narrativa centrada en un trágico incidente en el que participaron cinco agentes de policía y dos adolescentes, que culminó con el disparo de un niño en la cabeza.
La película se inspira en hechos reales durante las protestas de 2018, donde once personas perdieron la vida y miles sufrieron lesiones. Tanto los manifestantes como las fuerzas del orden enfrentaron graves consecuencias, con muchos manifestantes sufriendo graves daños debido a la metralla de plástico utilizada por la policía. Las quejas oficiales sobre la conducta de la policía fueron enviadas a las unidades de investigación interna, sin embargo, estas acciones fueron defendidas firmemente por los sindicatos policiales.
Guillaume, un joven ansioso por experimentar París por primera vez, se encuentra en una situación que cambia su vida cuando es baleado por la policía durante las protestas. El novio de su hermana, un aprendiz de electricista, y su madre, una cuidadora doméstica, representan una sección transversal de individuos que luchan con bajos salarios y condiciones de vida deterioradas. Su viaje a la capital, lleno de emoción y esperanza, toma un giro oscuro cuando Guillaume termina hospitalizado con daño cerebral, incapaz de hablar. Dominik Moll, conocido por su diversa gama de películas, desde cuentos extravagantes hasta exámenes detallados de crímenes, ha elaborado una narrativa que destaca los aspectos procesales del trabajo de investigación.
En el Caso 137, la tensión entre lo personal y lo profesional es palpable, especialmente a través del personaje de Stephanie, interpretada por Lea Drucker. Como una policía que investiga a sus colegas, Stephanie encarna una determinación estoica, navegando a través de un laberinto de correos electrónicos, llamadas telefónicas y entrevistas que revelan las complejidades de su papel. Su moderación emocional contrasta fuertemente con el caos que la rodea, mostrando su resistencia en medio de la adversidad. Moll reflexiona sobre cómo la fuerza policial se transformó después de las protestas de 2018, cada vez más militarizada y equipada con armamento pesado.
Aunque inicialmente no tenía la intención de crear una atmósfera kafkiana, la configuración de los entornos administrativos con sus inherentes desafíos y presiones inevitablemente condujo a tales temas. La cinematografía refuerza aún más esta noción, con escenas a menudo confinadas a oficinas de taquilla y largos corredores, enfatizando la naturaleza burocrática del sistema. El retrato de Lea Drucker de Stephanie es matizado, capturando la esencia de una mujer que debe mantener la compostura incluso bajo coacción. Su actuación le valió un Premio César, reconociendo su capacidad para transmitir profundidad sin emoción manifiesta.
A medida que la película se desarrolla, los espectadores son testigos de las implicaciones más amplias de las protestas, revelando un movimiento multifacético impulsado por varias quejas, desde los recortes de subsidios agrícolas hasta el cierre de las oficinas de correos locales.
Esta complejidad agrega capas a la narrativa, desafiando las representaciones simplistas de los manifestantes como simplemente buscando precios de combustible más bajos y exhibiendo violencia. En el Caso 137, la interacción entre narrativas individuales y problemas sistémicos se hace evidente, ofreciendo un examen crítico de la dinámica de poder dentro de la aplicación de la ley y la sociedad en general. A través de la lente de un solo incidente trágico, Moll explora el costo humano del conflicto y los dilemas éticos que enfrentan los encargados de mantener el orden.
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