Odiseo no era real, pero tenía verdaderos adoradores Un sitio antiguo recién desenterrado en la isla griega de Ítaca sugiere que el legendario héroe de la Odisea de Homero no era simplemente una invención literaria, sino una figura de profunda importancia religiosa para los antiguos griegos. Las ruinas, conocidas localmente como la Escuela de Homero, fueron talladas en las terrazas del Monte Exogi hace unos 2.400 años. Este descubrimiento desafía la visión de larga data de que La Odisea es puramente mitológica, ofreciendo en cambio evidencia convincente de que los griegos de la antigüedad consideraban a Odiseo como una presencia tangible y venerada. Los arqueólogos han estudiado el sitio durante más de un siglo, inicialmente descartando cualquier conexión con la epopeya de Homero.
Sin embargo, desde 2018, Giannos G. Lolos, arqueólogo de la Universidad de Ioannina, ha dirigido nuevas excavaciones en el lugar, descubriendo estructuras que sugieren un centro religioso vibrante. El Ministerio de Cultura griego destacó recientemente hallazgos clave, incluida una gran sala ceremonial, una posible torre de vigilancia y una cisterna bien conservada construida en estilo micénico.
En cambio, las ruinas remontan sus orígenes al siglo III aC, aproximadamente 500 años después de que se creía que las obras del poeta habían sido escritas. Este período marca la era helenística, cuando la cultura griega se extendió por todo el Mediterráneo, influyendo en regiones mucho más allá de su tierra natal. El momento se alinea con una tendencia creciente entre los antiguos griegos a reinterpretar las narrativas históricas a través de una lente de continuidad e identidad cultural. Entre los hallazgos más intrigantes en el sitio se encontraban cientos de piezas de cerámica fragmentadas, algunas de las cuales llevaban inscripciones en latín y griego clásico.
Estas marcas sugieren que la zona funcionó como una encrucijada para viajeros, comerciantes y peregrinos de diversos orígenes. Más de 100 monedas de bronce y plata, acuñadas en varias ciudades-estado helenísticas y romanas, apoyan aún más la idea de una interacción sostenida con comunidades externas. Tales artefactos subrayan el papel del sitio como un centro dinámico de intercambio y devoción espiritual. Uno de los descubrimientos más llamativos fue la aparición repetida del nombre de Odiseo en fragmentos de cerámica. En tres azulejos separados, el nombre fue estampado o inscrito, lo que indica un vínculo directo entre el héroe mítico y el sitio.
Una de las baldosas lleva la frase "de Ulises", lo que implica la propiedad o asociación con la tierra. Otra dice "a Ulises", lo que sugiere ofrendas o dedicaciones hechas en su honor. Estas inscripciones proporcionan una prueba tangible de que los antiguos griegos vieron a Ulises no solo como un personaje en una historia, sino como una deidad o un ancestro venerado cuya influencia se extendió hasta el presente. La geografía física de la isla agrega otra capa al misterio. Mientras que la Odisea describe a Ítaca como una isla baja ubicada lejos al oeste, donde se pone el sol, la isla griega moderna de Ítaca es montañosa y se encuentra al este de Cefalonia.
Lolos sostiene que la evidencia arqueológica apoya la identificación de la moderna Ítaca como la verdadera Ítaca de Homero. Su investigación sugiere que el paisaje y la historia de la isla se alinean con la narrativa de la epopeya, reforzando la noción de que la historia estaba profundamente arraigada en la tradición local. A medida que continúa la excavación, los investigadores esperan descubrir más información sobre cómo los antiguos griegos integraron la mitología en su vida cotidiana. El descubrimiento de la Odisea ofrece una rara visión de la intersección de la literatura, la religión y la identidad en el mundo antiguo.
Con cada nuevo hallazgo, las fronteras entre el mito y la realidad siguen borrando, revelando un rico tapiz de creencias y prácticas que moldearon las culturas de la antigüedad.
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