El ministro de Agricultura de Irlanda del Norte, Andrew Muir, ha revelado que recibió una amenaza de muerte tras el controvertido sacrificio de 51 vacas en el condado de Tyrone. El incidente, que provocó una indignación generalizada, ocurrió después de que un hombre fue declarado culpable de múltiples delitos y se le prohibió permanentemente tener animales. El sacrificio, realizado por el Departamento de Agricultura, Medio Ambiente y Asuntos Rurales (Daera), generó fuertes críticas de políticos, agricultores y el público por igual. Se convocó una sesión de emergencia del Comité de Agricultura de Stormont para abordar las consecuencias del sacrificio.
Durante la reunión, Muir declaró que había circulado información errónea que sugería que había sancionado o ordenado el sacrificio. Confirmó que había discutido la amenaza de muerte con el Servicio de Policía de Irlanda del Norte (PSNI) y señaló que otros funcionarios de su departamento habían comenzado a considerar medidas de seguridad y precauciones de seguridad personal.
Aproximadamente 33 cadáveres y huesos de animales fueron descubiertos en el lugar. El sacrificio fue ordenado por una orden judicial después de que el hombre fuera descalificado para mantener animales de por vida. Inicialmente, el departamento intentó facilitar la transferencia de los animales a través de un proceso voluntario, ofreciendo asistencia al propietario para vender o reubicar el stock. Sin embargo, después de un progreso mínimo, el departamento se vio obligado a proceder con el sacrificio bajo la directiva legal. El método y la ubicación del sacrificio se convirtieron en un punto focal de controversia.
El concejal local de Sinn Féin, Eugene McConnell, criticó la operación como parecida a una "escena del salvaje oeste", mientras que la DUP, Deborah Erskine, mencionó que un padre e hijo habían presenciado el sacrificio a plena luz del día. Muir explicó que el sacrificio tuvo lugar en tres lugares diferentes, con solo un sitio que planteaba preocupaciones sobre la visibilidad pública. Según Muir, se hicieron esfuerzos para minimizar la exposición pública antes de que comenzara el sacrificio. En uno de los sitios, un comprador potencial mostró interés en comprar parte del ganado, lo que provocó que el sacrificio se detuviera temporalmente. Sin embargo, los intentos de reunir a los animales resultaron en que fueran liberados en una carretera pública.
Para garantizar la seguridad pública, el personal del departamento, junto con los agricultores locales, intervino para sacar a los animales de la carretera antes de proceder con la eutanasia humana. A pesar de estas explicaciones, la operación se enfrentó a una reacción significativa. Se plantearon preocupaciones sobre la brutalidad percibida del sacrificio, y algunos afirmaron que el enfoque era demasiado duro. En respuesta, Muir enfatizó que la decisión de sacrificar se basaba en el juicio profesional de los funcionarios veterinarios, que lo consideraban la única opción viable. Reiteró que no había "ninguna alternativa razonable" disponible en ese momento. La controversia que rodeaba el sacrificio llevó a Muir a anunciar una revisión externa de las circunstancias.
El vicepresidente del DUP, Michelle McIlveen, expresó su preocupación por la pérdida de confianza del público en el departamento con respecto a los asuntos de bienestar animal, y señaló que el incidente había generado una considerable ira entre los agricultores. Destacó que recibir una amenaza de muerte era "nada menos que una vergüenza" y destacó la naturaleza inaceptable de tales amenazas.
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