Un ataque aéreo militar en el centro de Myanmar mató a 14 personas en un monasterio budista en el pueblo de Swel Le Oh, ubicado en el municipio de Myaung, aproximadamente a 75 kilómetros al oeste de Mandalay, según informes de un grupo de oposición y un residente local. El ataque ocurrió durante un retiro religioso de una semana al que asistieron más de 100 personas, incluidos monjes y laicos, para la Cuaresma budista.
El incidente tuvo lugar en el municipio de Myaung, parte de la región de Sagaing, conocido por su resistencia activa contra el gobierno militar. Según Nway Oo, portavoz de la Organización de Defensa Civil y Seguridad del municipio de Myaung (CDSOM), el ataque fue llevado a cabo por un avión de combate. El ejército aún no ha comentado sobre el ataque, aunque previamente ha declarado que solo apunta a objetivos legítimos. Los medios locales y el Servicio Birmano de la BBC informaron cifras variables, con un número de muertos que oscila entre 10 y 14.
Tras la represión de las protestas pro-democracia, numerosos opositores al gobierno militar han tomado las armas, formando una coalición de grupos armados étnicos y políticamente diversos. Estos grupos han controlado aproximadamente el 42 por ciento del territorio, mientras que el gobierno militar tiene autoridad sobre aproximadamente el 21 por ciento. 2 millones de personas, según el Consejo de Relaciones Exteriores. Aung San Suu Kyi, la ex líder de facto de Myanmar y ganadora del Premio Nobel de la Paz, ha estado detenida desde la toma militar en 2021.
El Mecanismo de Investigación Independiente para Myanmar (IIMM) establecido por las Naciones Unidas señaló en agosto que había habido un marcado aumento en los ataques aéreos antes de las elecciones de diciembre y enero, y estos ataques continuaron después de las elecciones. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Myanmar desestimó los hallazgos del IIMM, afirmando que la organización se centra únicamente en "terroristas" y que las fuerzas de seguridad toman todas las precauciones necesarias para minimizar el daño a los civiles.
El ataque al monasterio subraya la creciente intensidad del conflicto en regiones como Sagaing, donde las fuerzas de resistencia mantienen una fuerte presencia. El área ha sido testigo de frecuentes enfrentamientos y ataques dirigidos, lo que aumenta la preocupación por la seguridad de los civiles atrapados en el fuego cruzado. A medida que persiste el conflicto, los observadores internacionales continúan monitoreando la situación, buscando claridad sobre la conducta de los militares y las implicaciones más amplias para la estabilidad regional. Las comunidades locales siguen profundamente afectadas por la violencia en curso, y muchas informan sobre el aumento del miedo y el desplazamiento debido a los ataques repetidos.
Los esfuerzos para documentar y verificar incidentes como este son fundamentales para comprender la verdadera escala de la crisis humanitaria que se está desarrollando en Myanmar. La ausencia de reconocimiento oficial por parte del ejército aumenta los desafíos que enfrentan aquellos que intentan responsabilizar al régimen por presuntas violaciones del derecho internacional.
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