Carly Clarkson, una madre de 37 años de Watford, Hertfordshire, describió el momento aterrador en que un zorro entró en su casa y mordió a su hija de tres meses, Josephine, mientras ambos dormían. El incidente ocurrió en la noche del 20 de agosto de 2026, cuando Clarkson se despertó para encontrar sangre alrededor de la cabeza de su bebé y el zorro olfateando su cara.
Ella relató la experiencia como "absolutamente horrible", describiendo la escena cuando encontró cuatro heridas sangrientas de punción en la cabeza de Josephine. Las lesiones, señaló, se asemejaban a los daños causados por un perro que mordió una pelota de fútbol. A pesar de la angustia, el personal médico del Hospital General de Watford confirmó que Josephine no sufrió ningún daño grave, ninguna fractura de cráneo o signos de lesión cerebral, y fue tratada con inyecciones de tétanos y antibióticos. La familia, todavía sacudida, se encontró con el mismo zorro cerca de la puerta principal cuando salieron para el hospital. El animal parecía estar intentando entrar, lo que sugiere que podría haber sido la misma criatura responsable del ataque.
Las imágenes de CCTV del jardín capturaron al zorro moviéndose por la propiedad poco antes del incidente. Las imágenes, aunque granuladas, mostraban al animal vagando libremente en el patio, aparentemente sin ser molestado por la presencia de humanos. Clarkson y su esposo informaron del incidente al Watford Borough Council, con la esperanza de obtener ayuda para abordar la creciente preocupación por el comportamiento de la vida silvestre local. Sin embargo, el consejo ofreció solo 300 libras esterlinas de perdigones diseñados para repeler a los zorros.
Trevor Williams, fundador de The Fox Project, explicó que tales incidentes son excepcionalmente raros. Dijo que el último caso registrado de un zorro atacando a un humano de esta manera fue alrededor de 2010 o 2012. Según Williams, la probabilidad de que un zorro adulto se involucre en tal comportamiento es mínima, ya que estos animales generalmente evitan el contacto cercano con los humanos. En cambio, cree que el incidente probablemente involucró a un cachorro de zorro joven, cuya curiosidad natural lo llevó a explorar entornos desconocidos, incluidas las viviendas humanas. Williams enfatizó que durante ciertas épocas del año, particularmente cuando las familias de zorros se dispersan, los cachorros pueden exhibir comportamientos inusuales.
Estos jóvenes zorros, aún aprendiendo a navegar por su entorno, podrían entrar en hogares o negocios sin darse cuenta del peligro potencial. En este caso, el cachorro puede haber probado sus dientes en la delicada piel de Josephine, confundiendo al bebé con una presa o simplemente actuando por instinto. A pesar de la rareza de tales ocurrencias, Williams instó a los residentes a tomar precauciones, como mantener las puertas cerradas y usar disuasores no tóxicos.
Clarkson expresó su temor a dejar las puertas abiertas o usar el jardín con sus hijos cerca. Sus comentarios reflejan una preocupación más amplia entre los residentes locales sobre la creciente presencia de animales salvajes en las áreas urbanas.
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