El co-propietario Nicolas Delourmel describió el ataque como un acto de protesta contra el uso percibido de la tecnología de reconocimiento facial en sus ubicaciones de autoservicio, aunque los propietarios niegan el uso de dicha tecnología. El vandalismo siguió a incidentes similares en otros negocios de alimentos en Montreal, incluidos robos atribuidos a grupos activistas como Robin des Ruelles, que afirman redistribuir bienes robados a comunidades de bajos ingresos.
Lectura del sesgo (Progresista): El artículo enmarca el vandalismo como una forma de protesta contra las prácticas corporativas y la vigilancia tecnológica, alineándose con las críticas de izquierda al capitalismo y las preocupaciones de privacidad.


