La industria argentina del arroz se enfrenta a uno de sus períodos más desafiantes, ya que los productores se preparan para una posible disminución de hasta el 20 por ciento en el área cultivada durante la campaña 2026/2027. Este pronóstico se produce en medio de preocupaciones por la disminución de la rentabilidad, el aumento de los costos de producción y la llegada anticipada de un fuerte fenómeno climático de El Niño, que podría traer fuertes lluvias y complicar la planificación agrícola. La situación es particularmente grave en las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, regiones clave en el corazón agrícola de Argentina.
Según Pablo Bode, propietario del molino de arroz Tahín en San Javier y coordinador del Consejo Provincial del Arroz, las condiciones actuales hacen que la producción de arroz sea poco rentable. Destacó que a pesar de los esfuerzos por mejorar la competitividad, la industria está luchando para cumplir con el rendimiento requerido de 12.000 kilogramos por hectárea, un objetivo que muchos productores encuentran difícil de alcanzar. Bode destacó que la combinación de precios bajos, el aumento de los costos de producción y la amenaza planteada por El Niño ha creado un escenario precario.
Los ingenieros agrícolas Leonardo Van Opstal y Jorge Ayala, que asistieron a una reunión en el Ministerio de Producción, se hicieron eco de estas preocupaciones, y señalaron que el sector está experimentando uno de los momentos más críticos en las últimas décadas, después de dos cosechas difíciles consecutivas.
En Santa Fe, donde el cultivo de arroz normalmente cubre alrededor de 30.000 hectáreas, se espera que el área bajo cultivo disminuya por segundo año consecutivo. Los productores locales expresaron escepticismo sobre las respuestas oficiales, argumentando que debido a las características geográficas de la región, hay pocas alternativas al cultivo de arroz.
A pesar de estas dificultades, Bode insistió en que la producción de arroz continuaría porque sigue siendo esencial para el suministro de la industria, que opera mano a mano con los productores. Identificó la falta de rentabilidad como el principal problema, explicando que los precios del arroz se han mantenido en gran medida estancados, mientras que los costos de producción han aumentado constantemente, especialmente en lo que respecta al combustible y la electricidad. Estas presiones financieras están obligando a los productores a reconsiderar sus estrategias, aunque algunas empresas aún no han decidido si abandonar la actividad por completo.
La posible disminución de la superficie plantada con arroz plantea preocupaciones sobre el empleo y las economías locales, que dependen en gran medida del sector agrícola. Las recientes discusiones entre representantes de la industria y funcionarios del Ministerio de Producción han subrayado la necesidad de medidas de apoyo para sostener la industria. Sin embargo, las soluciones concretas siguen sin estar claras, dejando a los productores en un estado de incertidumbre a medida que se preparan para las próximas temporadas. A medida que la industria enfrenta estos desafíos, las perspectivas para el sector del arroz de Argentina parecen cada vez más inciertas, con implicaciones significativas tanto para las comunidades locales como para la seguridad alimentaria nacional.
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