Un nuevo estudio sugiere que tomar capturas de pantalla o fotografías puede deteriorar la retención de la memoria, con los participantes recordando la información de manera menos efectiva cuando la habían capturado digitalmente en lugar de simplemente verla. El fenómeno, conocido como "efecto de deterioro de la toma de fotografías", ha sido explorado ampliamente por investigadores de la Universidad de Binghamton, que se centraron particularmente en el hábito moderno de tomar capturas de pantalla, a menudo realizadas automáticamente sin pensamiento consciente. El equipo de investigación, dirigido por Sophia Fabrizio, Rebecca Lurie y Deanne Westerman, realizó siete experimentos controlados para examinar cómo funciona la memoria cuando los individuos toman capturas de pantalla.
En todos los ensayos, los resultados fueron consistentes: los participantes recordaron el contenido menos bien cuando lo habían guardado como una captura de pantalla en comparación con cuando simplemente lo habían mirado. Además, los investigadores encontraron pocos beneficios cognitivos que podrían compensar esta pérdida de memoria. Una posible explicación radica en el concepto de "descarga cognitiva", la tendencia a transferir tareas mentales a herramientas externas. Este proceso permite a las personas confiar menos en su propia memoria porque la información se almacena en otro lugar, como en un teléfono o una computadora. Esta idea no es nueva.
Hace más de una década, la psicóloga Linda Henkel realizó un experimento durante una visita a un museo, pidiendo a los participantes que observaran o fotografiaran exhibiciones. Aquellos que tomaron fotos más tarde recordaron menos detalles sobre los artículos y sus ubicaciones en comparación con aquellos que solo los habían observado. Sin embargo, el impacto negativo en la memoria desapareció cuando se instruyó a los participantes a acercarse a detalles específicos de los objetos. Esto sugirió que la fotografía intencional podría fomentar una atención más cercana y un procesamiento más activo de la información visual. Estudios posteriores han complicado aún más la narrativa.
En experimentos con obras de arte, los participantes que fotografiaron piezas una o incluso cinco veces las recordaron menos bien que los que solo las habían visto. Un hallazgo intrigante surgió este año cuando un estudio publicado en American Psychologist reveló que el efecto de tomar fotos podría extenderse más allá de la persona que sostiene la cámara. Los investigadores encontraron evidencia que sugiere que el acto de fotografiar también podría debilitar la memoria de alguien cercano, incluso si no tomaban fotos ellos mismos. Cuando los participantes no podían ver a otra persona tomando fotos, el efecto desapareció, lo que indica que la distracción jugó un papel crucial.
El simple hecho de observar a otra persona fotografiando una experiencia podría desviar la atención del momento en sí. A pesar de estos hallazgos, los investigadores advierten contra la conclusión de que tomar capturas de pantalla o fotografías daña inherentemente la memoria. Ambas prácticas ofrecen claras ventajas, permitiendo a los usuarios almacenar información para futuras referencias. Sin embargo, si el objetivo es un recuerdo genuino en lugar de un mero almacenamiento, el estudio sugiere que hacer una pausa antes de capturar imágenes digitales automáticamente podría ser beneficioso.
Las implicaciones de esta investigación se extienden más allá de los hábitos personales a discusiones más amplias sobre la influencia de la tecnología en la cognición. A medida que los teléfonos inteligentes se integran cada vez más en la vida cotidiana, es esencial comprender cómo las funciones como la funcionalidad de captura de pantalla afectan la memoria.
El estudio destaca la compleja relación entre la memoria humana y las herramientas digitales, instando a las personas a considerar cómo sus hábitos podrían dar forma no solo a lo que recuerdan, sino también a cómo se relacionan con el mundo que les rodea.
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