Más de 12.000 casas fueron destruidas y más de 74.000 dañadas en un devastador terremoto que azotó a Colombia, dejando a miles de personas sin hogar y familias en crisis. El desastre golpeó al país con fuerza, con informes que indican destrucción generalizada en múltiples regiones. El epicentro estaba cerca de Cali, una de las ciudades más grandes de Colombia, donde los temblores causaron daños extensos a edificios residenciales e infraestructura. Los servicios de emergencia han estado trabajando incansablemente para localizar sobrevivientes y proporcionar ayuda, aunque muchos permanecen atrapados bajo los escombros. El terremoto ocurrió el martes 11 de agosto de 2026, justo antes del amanecer.
Los residentes de Cali, incluidos los que viven en complejos de apartamentos de gran altura, se vieron sorprendidos por el repentino temblor. Muchos describieron la experiencia como aterradora, con paredes agrietadas y muebles derribados. En una de esas cuentas, una mujer llamada Alicia, que había regresado a su ciudad natal de vacaciones, relató cómo ella y su madre fueron sacudidas por el terremoto.
Las autoridades confirmaron que más de 95 personas perdieron la vida solo en Cali, con cientos más heridos. Al menos 86 personas fueron rescatadas de los escombros, mientras que otras 239 permanecieron atrapadas debajo de las estructuras derrumbadas. El alcalde de la ciudad, Alejandro Eder, informó que 56 edificios se habían derrumbado por completo, lo que complicó aún más los esfuerzos de rescate. El suministro de electricidad y agua se interrumpió en muchas áreas, lo que obligó a los residentes a depender de refugios temporales y la asistencia de los vecinos. Algunas comunidades se cortaron por completo, con carreteras bloqueadas debido a deslizamientos de tierra y estructuras caídas.
A pesar de la falta de electricidad e internet, las autoridades locales lograron restaurar algunos servicios básicos, proporcionando comida y refugio a los desplazados. Sin embargo, la incertidumbre en torno a posibles réplicas mantuvo a muchos despiertos durante la noche, temiendo otra gran sacudida.
Los equipos de rescate utilizaron equipos avanzados para buscar signos de vida, mientras que el personal médico trabajó junto a ellos para tratar a los heridos. Los hospitales locales informaron que estaban abrumados por la afluencia de pacientes, lo que destaca la escala de la crisis. Mientras tanto, las organizaciones de socorro comenzaron a coordinarse con las agencias gubernamentales para distribuir suministros esenciales, incluidas mantas, alimentos y agua potable. El terremoto ha provocado una conversación más amplia sobre la resiliencia urbana y la preparación para desastres en Colombia. Los expertos advierten que el país, ubicado a lo largo del Anillo de Fuego del Pacífico, es propenso a una actividad sísmica frecuente.
Mientras continúan los esfuerzos de respuesta inmediata, las estrategias a largo plazo serán necesarias para prevenir tragedias similares en el futuro. Por ahora, la gente de Cali sigue centrada en la supervivencia, esperando una rápida recuperación y el retorno a la normalidad de sus vidas.
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