Mary Beard, reconocida historiadora británica especializada en la antigua Roma y Grecia, ha lanzado una contundente crítica sobre cómo la ultraderecha moderna se está aprovechando del legado imperial romano para legitimar sus ideologías políticas. En un reciente libro titulado *Clásicos sin filtros*, publicado por Crítica, Beard expone cómo figuras como César o Julio César son reinterpretadas por partidos conservadores y movimientos extremistas como símbolos de autoridad centralizada, fuerza y control. Esta tendencia, según Beard, representa una distorsión del verdadero espíritu de la antigüedad, que fue más completa y pluralista.
La situación se ha intensificado en los últimos años, especialmente en Europa y Estados Unidos, donde los líderes políticos han utilizado referencias al Imperio Romano para justificar políticas autoritarias, nacionalistas y antiinmigrantes. Por ejemplo, algunos políticos han celebrado la figura de César como un modelo de liderazgo fuerte, ignorando las implicaciones de su régimen dictatorial. Beard destaca que este uso instrumentalizado de la historia no solo distorsiona el pasado, sino que también socava el valor de la democracia y la diversidad, elementos fundamentales en la sociedad moderna.
Beard, quien nació en Much Wenlock, Inglaterra, y actualmente tiene 71 años, ha dedicado décadas a estudiar la cultura y la política de la antigua Roma. Como catedrática emérita de la Universidad de Cambridge y ganadora del Premio Princesa de Asturias en 2016, su voz es respetada tanto en el ámbito académico como en el público en general. En su nuevo libro, combina su vasto conocimiento histórico con un estilo accesible y animado, lo que le permite comunicar conceptos complejos de manera divertida y persuasiva.
La preocupación de Beard surge en un contexto global donde el populismo y el nacionalismo están ganando terreno. Los movimientos políticos que promueven la supremacía racial, el rechazo a la migración y la defensa de la identidad cultural tradicional han encontrado en la historia clásica un recurso valioso. Para ellos, el Imperio Romano representa una forma de gobierno eficiente y poderosa, algo que contrasta con lo que perciben como la debilidad de los sistemas democráticos actuales. Sin embargo, Beard argumenta que esta visión es parcial y simplificada, y que ignora la complejidad de la realidad histórica.
En respuesta a estas prácticas, Beard llama la atención sobre la importancia de educar a las nuevas generaciones sobre la historia de una manera equilibrada y crítica. Ella sostiene que conocer el pasado no solo ayuda a comprender el presente, sino que también fomenta la capacidad de pensar independientemente y resistir las manipulaciones ideológicas. Su trabajo busca no solo corregir mitos, sino también inspirar un interés genuino por el estudio de la historia, alejado de cualquier agenda política.
Aunque la ultraderecha continúa utilizando el pasado para justificar sus posiciones, Beard confía en que la educación y la divulgación científica pueden ofrecer alternativas sólidas. Ella espera que las generaciones futuras puedan aprender de la historia sin caer en las trampas de quienes buscan usarla para sus propios fines. Para ello, Beard insiste en la necesidad de mantener viva la discusión pública sobre el pasado, asegurando que la historia sea un instrumento de libertad, no de control.
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