El artículo analiza una demanda histórica contra Meta (Facebook, Instagram, WhatsApp), que resultó en un acuerdo de $ 18 mil millones con California y otros 28 estados. La demanda alega que Meta diseñó intencionalmente productos adictivos dirigidos a niños, impactando negativamente su salud mental e incluso conduciendo a la autolesión. Si bien el acuerdo responsabiliza a la compañía por las mejoras de seguridad, no responsabiliza personalmente a Mark Zuckerberg. El autor critica la influencia de Meta en la sociedad, comparando la presencia generalizada de Zuckerberg con una mente 'colonizada', y destaca la rentabilidad de la compañía a pesar de los daños causados. La pieza reflexiona sobre las implicaciones más amplias del poder corporativo y las responsabilidades éticas de las compañías tecnológicas.
Lectura del sesgo (Progresista): El artículo enmarca las acciones de Meta como una explotación deliberada de usuarios vulnerables, particularmente niños, usando un lenguaje emocionalmente cargado como "veneno rentable", "daños" y "automutilación".





