Marjana Ivić, una croata de 48 años y madre de tres hijos, llegó a la cima del Kang Yatse II, uno de los picos más altos del Himalaya, a medianoche hora local. El ascenso, que tuvo lugar durante varios días, la llevó a una altitud de 6.250 metros sobre el nivel del mar. Su viaje estuvo marcado por resistencia física y resistencia mental, y cada paso requirió un inmenso esfuerzo contra el aire delgado y las duras condiciones de la montaña. La escalada comenzó con una salida de Nueva Delhi, India, donde Ivić y un grupo de 19 escaladores, en su mayoría de Serbia y otro participante croata, se reunieron antes de dirigirse al norte hacia la región de Ladakh, en el norte de la India.
Esta área, conocida por su terreno accidentado y su entorno de gran altitud, sirve como base común para las expediciones dirigidas a Kang Yatse II. Al llegar a Leh, ubicada a 3.500 metros sobre el nivel del mar, el grupo pasó dos días aclimatándose a los niveles reducidos de oxígeno y ajustándose al clima extremadamente frío y seco. Durante este tiempo, Ivić describió el marcado contraste entre el bullicioso caos de Nueva Delhi y la atmósfera serena y casi meditativa de Leh.
La transición de la vida urbana al remoto desierto del Himalaya fue tanto física como mentalmente exigente, sin embargo Ivić lo abordó con determinación. El ascenso real a Kang Yatse II implicó navegar por caminos traicioneros cubiertos de hielo y roca suelta. Cada movimiento requirió precisión y precaución, ya que incluso errores menores podrían provocar lesiones graves o peores. Ivić contó cómo confió en el apoyo de sus compañeros de escalada, enfatizando la importancia del trabajo en equipo durante los momentos de fatiga e incertidumbre.
Después de horas de lucha y agotamiento, describió sentir una profunda sensación de logro y libertad. La vista desde la cima, dijo, era diferente a cualquier cosa que hubiera experimentado. De pie por encima de las nubes, se sentía pequeña en comparación con la inmensidad de la naturaleza, pero empoderada por la comprensión de que había superado sus miedos y limitaciones. La decisión de Ivić de perseguir el montañismo se produjo después de un período de dificultades personales. Después de haber enfrentado circunstancias difíciles mientras criaba a sus hijos sola, encontró consuelo en caminar y hacer senderismo. Lo que comenzó como un simple hobby evolucionó gradualmente en una búsqueda más ambiciosa, lo que la llevó a asumir algunas de las escaladas más desafiantes del mundo.
Su trabajo en una empresa multinacional con sede en Múnich, que se ocupa de patentes y software, le permitió equilibrar las responsabilidades profesionales con su pasión por la aventura. Su logro ha llamado la atención no solo dentro de Croacia, sino también entre las comunidades de escalada internacionales.
A pesar de estos obstáculos, ella sigue comprometida a empujar sus límites y explorar nuevas fronteras. Su historia sigue inspirando a otros, especialmente a las mujeres, a desafiarse a sí mismas y abrazar lo desconocido.
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