Un estudio reciente ha sugerido que la sesión prolongada aumenta el riesgo de desarrollar cáncer. Según la investigación, las personas que se sientan durante más de 30 minutos continuamente enfrentan una mayor probabilidad de ser diagnosticadas con cáncer. Este hallazgo se produce en medio de crecientes preocupaciones sobre las implicaciones para la salud de los estilos de vida sedentarios, particularmente en los entornos de trabajo modernos donde estar sentado durante períodos prolongados es común. El estudio analizó datos de más de 91,000 participantes sin diagnósticos de cáncer preexistentes, extraídos del Biobanco del Reino Unido. La edad promedio de los participantes fue de 56 años.
Los investigadores examinaron si estar sentado durante mucho tiempo estaba asociado con un mayor riesgo de cáncer, qué tan importante era la duración de la sesión y si las interrupciones regulares podrían influir en este riesgo. Para recopilar patrones de movimiento precisos, los participantes usaron sensores en sus muñecas durante siete días. Estos dispositivos registraron el tiempo total de sesión, la duración de las sesiones de sesión individuales, la intensidad de la actividad y la cantidad de inmovilidad atribuida al sueño. Con el tiempo, los investigadores monitorearon a los participantes utilizando registros nacionales de cáncer y registros de muertes. Se centraron específicamente en nuevos casos de cáncer relacionados con la obesidad y la diabetes tipo 2, así como las muertes relacionadas con el cáncer.
Los resultados mostraron una clara correlación entre períodos de sentado continuos más largos y un mayor riesgo de diagnóstico de cáncer o mortalidad. Sin embargo, las interrupciones regulares, incluso breves, durante la sesión redujeron significativamente este riesgo, a veces eliminando la asociación por completo. Los investigadores también calcularon lo que sucedería si una hora de sentado diario fuera reemplazada por actividad física ligera o intensa o intervalos de sentado más cortos. Sus cálculos indicaron que todos estos escenarios redujeron el riesgo de cáncer, con actividad física moderada e intensa mostrando efectos más fuertes.
Estos hallazgos resaltan la importancia de incorporar el movimiento a las rutinas diarias, especialmente para aquellos cuyos trabajos requieren estar sentados durante largos períodos. A pesar de estas ideas, el estudio tiene limitaciones que los investigadores han reconocido. Es un estudio observacional, lo que significa que identifica asociaciones estadísticas pero no establece causalidad. Además, el período durante el cual se midió el comportamiento de los participantes (sólo una semana) es relativamente corto. Como tal, las conclusiones deben interpretarse con precaución. Expertos independientes que no participaron en el estudio han ofrecido perspectivas cautelosas.
Stephen Burgess, un estadístico de la Universidad de Cambridge, señala que los hallazgos del estudio son algo simplistas. Señala que si bien los datos muestran un vínculo entre el tiempo prolongado sentado y las tasas de cáncer más altas, no significa necesariamente que reducir el tiempo sentado reduzca la incidencia de cáncer. Las personas que se sientan durante largos períodos podrían diferir de otras maneras, como la ocupación, el ingreso, el estatus social, los niveles de estrés, las opciones de estilo de vida o el acceso a la atención médica, todos los factores que pueden influir en el riesgo de cáncer. Kevin McConway, profesor emérito de estadística aplicada en la Universidad de Lancaster, enfatiza la necesidad de más investigación antes de sacar conclusiones definitivas.
Los expertos recomiendan tomar descansos regulares, realizar ejercicio ligero y variar las posturas durante el día para mitigar los riesgos potenciales para la salud.
Si bien la evidencia que vincula la sesión prolongada con el cáncer sigue siendo inconclusa, el consenso general entre los profesionales de la salud es que reducir el comportamiento sedentario contribuye positivamente al bienestar general. A medida que las discusiones sobre la salud en el lugar de trabajo continúan evolucionando, los empleadores y los funcionarios de salud pública se animan cada vez más a implementar políticas que promuevan la actividad física y las prácticas ergonómicas.
Hasta entonces, el mensaje sigue siendo claro: mantenerse activo y evitar estar sentado durante mucho tiempo es beneficioso para la salud, incluso si el impacto exacto en el riesgo de cáncer requiere más investigación.
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