Los científicos de la Universidad de California, Irvine, han diseñado tejido cerebral humano en el laboratorio con una identidad regional definida, lo que permite la creación de organoides que reflejan la parte frontal o posterior de la corteza cerebral en desarrollo.
La investigación se centra en el concepto de "realización", el proceso a través del cual la capa externa del cerebro, la corteza cerebral, se divide en regiones especializadas responsables de tareas como el movimiento, la visión, la memoria y la comprensión social. Hasta hace poco, los científicos lucharon por replicar esta organización intrincada en modelos cultivados en laboratorio. El nuevo método permite a los investigadores guiar el crecimiento del tejido similar al cerebro para que adquiera marcadores regionales específicos, imitando las señales de desarrollo naturales que dan forma al cerebro. El equipo desarrolló organoides neocorticales humanos, tejidos tridimensionales cultivados a partir de células madre humanas que imitan aspectos clave del desarrollo de la corteza cerebral.
Al exponer estos organoides a señales químicas seleccionadas con precisión durante sus primeras etapas, los investigadores dirigieron su desarrollo hacia características asociadas con la parte frontal o posterior de la corteza. Esta técnica introduce un nivel de control previamente inalcanzable en modelos cerebrales estándar. Para validar sus hallazgos, los investigadores analizaron más de 200,000 células individuales dentro de los organoides. Los resultados revelaron que el tejido cultivado en laboratorio exhibió firmas moleculares consistentes con diferentes partes de la corteza humana prenatal.
En esencia, los investigadores equiparon el tejido cerebral artificial con una brújula biológica, lo que le permite distinguir entre las regiones delanteras y traseras tal como lo hace el cerebro real durante el desarrollo. Este avance abre nuevas vías para investigar las afecciones neurológicas vinculadas a trastornos en la organización cerebral. Una de esas afecciones es el síndrome de X frágil, un trastorno genético y una causa principal de discapacidades intelectuales hereditarias. El equipo de UC Irvine aplicó su nuevo modelo para estudiar esta afección, con el objetivo de descubrir cómo el desarrollo regional alterado podría contribuir a los síntomas observados en los individuos afectados.
En un artículo publicado en el Journal of Neuroscience, el profesor de neurociencia de la Universidad de Michigan, Dr. John D. H. Heller, explicó que los organoides cerebrales tradicionales carecen de la organización estructurada necesaria para capturar completamente las complejidades del desarrollo del cerebro humano. Con la introducción de la identidad regional, estos modelos ahora ofrecen una representación más precisa de cómo se forma el cerebro y cómo las enfermedades podrían interferir con ese proceso. Las implicaciones se extienden más allá de la ciencia básica. La capacidad de recrear la organización espacial del cerebro en el laboratorio podría ayudar en el descubrimiento de fármacos, la medicina personalizada y el desarrollo de terapias dirigidas a trastornos del desarrollo neurológico.
Los investigadores esperan que este trabajo eventualmente conduzca a intervenciones más efectivas para afecciones como el trastorno del espectro autista, la esquizofrenia y otros trastornos cognitivos. A medida que el campo continúa evolucionando, la integración de señales espaciales en modelos cerebrales cultivados en laboratorio marca un momento crucial en la investigación biomédica. Los próximos pasos implican refinar aún más las técnicas y explorar aplicaciones adicionales, incluido el modelado de otras regiones cerebrales y la prueba de estrategias terapéuticas en estos sistemas avanzados. Por ahora, el logro se erige como un hito significativo en la búsqueda de desentrañar los misterios de la mente humana.
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