El artículo discute la naturaleza premeditada del golpe de estado de 1936 en España, que condujo al ascenso de Francisco Franco. Destaca que la planificación del levantamiento militar comenzó ya en diciembre de 1935, con reuniones secretas entre generales y la presión de élites conservadoras como José Calvo Sotelo. El autor argumenta en contra de las narrativas revisionistas que enmarcan el golpe como una reacción espontánea al asesinato de Calvo Sotelo, enfatizando en cambio una trama coordinada monárquico-militar-fascista. Historiadores como Ángel Viñas y Gómez Gutmaro Bravo son citados para apoyar este punto de vista, señalando que los levantamientos fallidos anteriores, como el intento de 1932 por el general José Sanjurjo, sentaron precedentes. El artículo también apunta a la creciente oposición a la Segunda República debido a las reformas que afectaron la tierra y la religión, el aumento de la participación de los trabajadores y la revolución de octubre de 1934.
Lectura del sesgo (Progresista): El artículo enmarca el golpe como una conspiración planeada en lugar de un acto espontáneo, alineándose con las interpretaciones históricas izquierdistas que enfatizan la opresión sistémica y la resistencia a las reformas progresistas.



