El terremoto se produjo en la ciudad de Cali, Colombia, con una magnitud de 4 en la escala de Richter, provocando pánico y destrucción generalizada. Los temblores derrumbaron edificios, interrumpieron la infraestructura y dejaron a los residentes luchando por la seguridad. Entre las áreas más afectadas estaba el vecindario de El Lido, donde un edificio de cuatro pisos que albergaba espacios comerciales y unidades residenciales se derrumbó en la calle.
Según Quintero, la situación era terrible. "Encontramos angustia generalizada, desorden total, múltiples gritos, llamadas de ayuda, miembros de la familia que nos informaron que sus familiares estaban atrapados, testigos que escucharon gritos y algunas voces que se podían escuchar desde los escombros", recordó. "Los esfuerzos de búsqueda se centraron rápidamente en los sonidos angustiosos que emanaban de debajo de los escombros, específicamente, los gritos desesperados de Andrea Paula Lasprilla y los gemidos de su hijo, Omar Martínez Lasprilla.
Después de dos horas de intensas operaciones de rescate, el equipo extrajo con éxito a Omar. Cuberto de polvo, sufriendo una grave lesión en la cabeza y múltiples contusiones, estaba consciente cuando lo liberaron. El momento fue recibido con vítores y alivio por parte de los rescatistas, voluntarios y transeúntes por igual. El Dr. Quintero describió la atención médica inmediata brindada en el lugar: compresiones, monitoreo de la presión arterial, manejo de las vías respiratorias y protección contra la hipotermia. Estas intervenciones fueron fundamentales para estabilizar a Omar antes de su transporte a un hospital cercano. Sin embargo, la prueba estaba lejos de terminar.
Cuando se hicieron intentos de extraer a Paula, quedó claro que su pierna derecha estaba severamente aplastada bajo una columna de concreto. La situación se intensificó rápidamente, con una mayor tensión entre los rescatistas. El Dr. Quintero se enfrentó a una de las decisiones más difíciles del día: si proceder con una extracción que arriesgaría un mayor daño a Paula o intentar estabilizar su condición en el lugar.
Voluntarios, profesionales médicos y autoridades locales coordinaron los esfuerzos para proporcionar ayuda, refugio y apoyo emocional. Los hospitales de la ciudad, incluido el Hospital Universitario San José, desempeñaron un papel crucial en el tratamiento de los heridos. La resiliencia mostrada por la gente de Cali fue evidente en el esfuerzo colectivo para salvar vidas y reconstruir.
Los veterinarios de Medellín, Popayán y varias universidades unieron fuerzas con la policía ambiental, la defensa civil y las organizaciones de derechos de los animales para tratar a las mascotas heridas. Más de 97 toneladas de comida fueron recolectadas en la primera semana, y más de 74 animales ya habían sido adoptados después de una declaración formal de abandono. A pesar del progreso, los desafíos permanecen. El Centro continúa buscando donaciones de alimentos, camas y asistencia voluntaria, particularmente de personas con experiencia veterinaria o conocimiento del cuidado de mascotas. La necesidad continua de recursos subraya el impacto a largo plazo del desastre tanto en las poblaciones humanas como en las animales.
A medida que pasan los días, la historia de la supervivencia y la solidaridad en Cali continúa desarrollándose. Los esfuerzos de los equipos médicos, voluntarios y comunidades han salvado vidas y ofrecido esperanza en medio de la tragedia. Sin embargo, el camino hacia la recuperación aún es largo, y las lecciones aprendidas darán forma a la preparación futura frente a los desastres.
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