La decisión fue anunciada por el recién nombrado presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, quien enfatizó que si bien el banco central sigue comprometido con su política monetaria actual, está preparado para actuar si es necesario. Este resultado siguió a una votación estrechamente dividida entre el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), con nueve miembros que votaron para mantener el status quo y tres disidentes.
Su nombramiento en mayo marcó un cambio en el liderazgo después de ocho años bajo Jerome Powell, cuyas políticas a menudo fueron criticadas por Trump como demasiado cautelosas. La decisión de mantener las tasas estables fue enmarcada por Warsh como una continuación de la estrategia de la Fed para mantener amplias reservas en el sistema bancario, haciéndose eco del lenguaje utilizado en declaraciones anteriores.
Mientras que las cifras de junio se publicarán a finales de esta semana, los analistas sugieren que los precios de la energía, particularmente el petróleo, se han mantenido volátiles y significativamente altos, impulsados por la guerra. A pesar de esto, muchos economistas ven la tendencia inflacionaria actual como temporal, vinculada principalmente a los costos de la energía en lugar de problemas estructurales más amplios.
Sin embargo, algunos miembros del FOMC, incluidos Beth Hammack de Cleveland, Neel Kashkari de Minneapolis y Lorie Logan de Dallas, argumentaron por un aumento de las tasas para contrarrestar el aumento de la inflación. Estos disidentes creían que el nivel actual de las tasas era insuficiente para frenar las presiones inflacionarias de manera efectiva. La decisión ha ejercido una presión adicional sobre Warsh, quien ahora debe justificar la inacción de la Fed a la luz de los llamados de larga data de Trump a tasas de interés más bajas para estimular el crecimiento económico. Trump, que ha criticado repetidamente el enfoque de la Fed, afirmó el lunes pasado que el último informe de inflación era "muy positivo", citando rápidas disminuciones en los costos.
Trump reiteró su demanda de recortes de tasas, argumentando que ayudarían a impulsar el empleo y el gasto del consumidor. Sin embargo, la postura de la Fed refleja un consenso más amplio de que los riesgos de una flexibilización agresiva superan los beneficios del estímulo inmediato. Mientras tanto, Trump ha acusado a ciertos miembros del FOMC de tener "malas intenciones", sugiriendo que su resistencia a los recortes de tasas socava la agenda económica del presidente.
Con la próxima reunión del FOMC programada para septiembre, la Fed continuará monitoreando de cerca los indicadores económicos, dejando abierta la posibilidad de ajustes futuros dependiendo de la evolución de las condiciones.
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