Una reciente expedición científica ha revelado una asombrosa variedad de nuevas especies marinas, agregando treinta y un organismos previamente desconocidos al registro mundial de biodiversidad. Estos descubrimientos se realizaron en solo dos semanas durante una misión de investigación realizada en aguas internacionales frente a la costa de Brasil. Los hallazgos fueron anunciados en junio por el Instituto Oceánico Schmidt, que organizó la expedición a bordo del buque de investigación Falkor (también).
Esta región es el hogar de una variedad de criaturas transparentes, gelatinosas o casi invisibles, muchas de las cuales son difíciles de estudiar porque a menudo se desintegran cuando se recolectan. Sin embargo, esta vez, los investigadores lograron identificar varios grupos distintos de organismos, incluyendo nueve medusas, siete sifonóforos, siete ctenóforos, cuatro larvas, dos rizarios gigantes, un anfípodo y un gusano perteneciente al género Tomopteris.
Se parece más a una criatura voladora que a un gusano tradicional. Algunas especies conocidas de Tomopteris son capaces de emitir una bioluminiscencia amarilla rara, una característica poco común entre los organismos marinos, que generalmente producen luz azul o verde. Los investigadores aún no han determinado si esta especie recién descubierta exhibe propiedades bioluminiscentes similares. Por otro lado, los sifonóforos aparecen a primera vista como medusas alargadas o cintas brillantes suspendidas en el agua. No son organismos individuales, sino colonias compuestas de individuos genéticamente idénticos llamados zoóides.
Cada zoóide cumple una función específica: algunos capturan alimentos, otros los digieren, otros permiten el movimiento y otros manejan la reproducción. Juntos, operan como una sola entidad, como un superorganismo. A diferencia de las hormigas, que permanecen individuos separados dentro de su colonia, los zoóides de un sifonóforo son partes de un todo unificado y no pueden sobrevivir independientemente. Este nivel de especialización e integración los hace aún más intrigantes y aparentemente extraterrestres en naturaleza. Quizás el descubrimiento más sorprendente fue un joven calamar de cristal, capturado por el robot submarino SuBastian a una profundidad de 779 metros.
La transparencia del calamar es una adaptación perfectamente adaptada a su entorno, donde no hay refugios naturales como rocas, árboles, madrigueras o fondos marinos para esconderse. En el océano abierto, ser casi invisible proporciona una ventaja crucial de supervivencia contra los depredadores. La imagen de esta delicada criatura destaca las adaptaciones extremas que se encuentran en las profundidades del mar, donde la vida prospera en condiciones que parecen casi extrañas. Estos hallazgos subrayan la gran cantidad de vida no descubierta en los océanos de la Tierra, particularmente en la zona mesopelágica, que sigue siendo relativamente inexplorada en comparación con otras regiones del planeta.
La expedición del Instituto Oceánico Schmidt utilizó tecnología avanzada, incluidos vehículos operados a distancia y sistemas de imágenes de alta resolución, para documentar estos organismos sin causarles daños significativos. Tales métodos permiten a los científicos observar y estudiar criaturas frágiles de aguas profundas en su hábitat natural, proporcionando valiosas ideas sobre su biología y roles ecológicos. El descubrimiento de estas treinta y una nuevas especies se suma al creciente cuerpo de evidencia de que las profundidades marinas albergan una inmensa diversidad de vida, gran parte de la cual sigue siendo desconocida para la ciencia.
A medida que continúa la exploración, los investigadores anticipan descubrir formas aún más misteriosas y únicas de vida marina, expandiendo aún más nuestra comprensión de la biodiversidad de la Tierra y el potencial de vida en entornos extremos.
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