Rusia está experimentando una crisis de combustible que empeora, con largas colas en las gasolineras y precios crecientes de gasolina y diésel. Muchos rusos están viajando al extranjero para reabastecerse de combustible, particularmente a Kazajstán y China. El Kremlin ha minimizado la situación, pero funcionarios como Dmitry Peskow han usado un lenguaje más directo, refiriéndose al conflicto como "una guerra real", que contrasta con la narrativa oficial de una "operación militar especial". Según encuestas del Centro Levada, el aumento de los precios es el problema más apremiante para más de la mitad de los rusos. Los datos oficiales muestran que los precios de la gasolina han aumentado casi un siete por ciento en tres semanas, mientras que los precios del diésel han aumentado en más de un ocho por ciento. Las restricciones a la exportación de diésel están vigentes hasta finales de julio, y ha habido una prohibición de larga data a las exportaciones de gasolina. A pesar de estos desafíos, el presidente Vladimir Putin afirma que el sistema energético de Rusia sigue siendo resistente y altamente capaz de manejar la crisis.
Lectura del sesgo (Centro): El artículo presenta tanto el minimizado de la crisis por parte del gobierno ruso como el lenguaje más directo utilizado por algunos funcionarios, como Peskow, quien se refirió al conflicto como "una guerra real".




