Khartoum ha sido blanco de ataques con aviones no tripulados lanzados por fuerzas paramilitares por segundo día consecutivo, según informes de medios locales. Los ataques, atribuidos a las Fuerzas de Apoyo Rápido, fueron parte de una operación coordinada destinada a atacar ciudades controladas por el gobierno a cientos de kilómetros de distancia. Esta escalada se produce en medio del conflicto en curso en Sudán, que ya ha causado destrucción y desplazamiento generalizados. Los ataques comenzaron el miércoles, con múltiples informes que indican que los aviones no tripulados se utilizaron para atacar ubicaciones estratégicas en Khartoum y otras áreas bajo control militar.
Los testigos describieron explosiones cerca de infraestructura clave, incluidos edificios gubernamentales y vecindarios residenciales. Las autoridades locales han confirmado daños en varios sitios, aunque el número exacto de víctimas sigue sin estar claro. Los ataques parecen ser parte de una ofensiva más amplia de las Fuerzas de Apoyo Rápido contra el ejército sudanés, que ha estado involucrado en una brutal guerra civil desde abril. Las Fuerzas de Apoyo Rápido, un grupo paramilitar leal al ex presidente Omar al-Bashir, han sido acusadas durante mucho tiempo de llevar a cabo operaciones violentas contra la población civil.
Sus acciones han atraído la condena internacional, con las organizaciones de derechos humanos que informan numerosos casos de asesinatos extrajudiciales y arrestos masivos. La actual campaña de aviones no tripulados marca otra escalada en sus esfuerzos por obtener ventaja táctica sobre las fuerzas armadas sudanesas. En las últimas semanas, el conflicto se ha intensificado, con ambas partes acusándose mutuamente de la escalada de la violencia. El ejército sudanés se ha atribuido la responsabilidad de varios ataques contra áreas civiles, mientras que las Fuerzas de Apoyo Rápido han negado estas acusaciones. Los observadores internacionales han pedido un alto el fuego inmediato y el acceso a la ayuda humanitaria, pero tales llamados han sido en gran medida ignorados.
La situación continúa deteriorándose, con millones de civiles atrapados en el fuego cruzado. Las autoridades locales han expresado su preocupación por la creciente frecuencia de los ataques y la falta de seguridad en los centros urbanos. Los servicios de emergencia han luchado para responder de manera efectiva debido a los recursos limitados y la inestabilidad en curso. Mientras tanto, las familias desplazadas continúan buscando refugio en campamentos improvisados, a menudo sin necesidades básicas como alimentos, agua y atención médica. La crisis humanitaria ha empeorado significativamente, y las agencias de ayuda advierten de posibles condiciones de hambruna en ciertas regiones.
Las reacciones internacionales han permanecido silenciosas, con algunos países instando a la moderación y otros pidiendo una mayor participación en las conversaciones de paz. Sin embargo, las tensiones políticas siguen siendo altas, especialmente entre las potencias regionales y los actores globales que tienen intereses variables en la estabilidad de la región. Los esfuerzos diplomáticos para negociar una tregua se han estancado, dejando a la población cada vez más vulnerable a nuevas violencias. A medida que el conflicto se prolonga, el riesgo de una mayor escalada parece crecer.
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