José Flores, un hombre de Costa Rica que afirma haber vivido 119 años, actualmente está siendo evaluado por expertos para determinar si tiene el título de la persona viva más vieja del mundo. Según los registros oficiales, José nació el 11 de julio de 1907, en la provincia de Guanacaste, cerca de la costa norte del Pacífico de América Central. Su madre biológica, conocida como Josefa, le dio vida en un pequeño pueblo a principios del siglo XX. Mientras que muchas personas nacidas alrededor de esta época han fallecido, José continúa viviendo de forma independiente en un municipio rural, descrito como parte de una "zona azul", regiones reconocidas mundialmente por su alta concentración de centenarios debido a estilos de vida saludables.
El estado actual de la edad de José ha despertado el interés entre los investigadores y profesionales de la salud. Las autoridades locales y los miembros de la familia están trabajando con un investigador español para verificar su edad a través de documentación y entrevistas. Este esfuerzo tiene como objetivo confirmar si José califica como uno de los seres humanos de mayor longevidad en la Tierra. Descrito por el investigador como un "caso absolutamente extraordinario", José parece físicamente capaz, manteniendo un comportamiento alegre a pesar de su avanzada edad. Vive en una casa modesta hecha de madera y chapa metálica, ubicada dentro de una propiedad privada en el pequeño asentamiento de Obandito de Sardinal, cerca de la ciudad de Carrillo en Guanacaste.
José reside en una región que se ha vuelto cada vez más popular entre los turistas atraídos por sus pintorescas playas y el encanto rural. Sin embargo, su historia personal está marcada por las dificultades. Nacido en la pobreza, fue abandonado por su madre a una edad temprana y perdió a su padre a los siete años. Criado por su abuela, aprendió a trabajar la tierra a una edad temprana.
Después de casarse y criar a sus hijos, José se mudó al norte del país, continuando su trabajo como obrero diurno sin poseer nunca propiedad. En algún momento, los programas gubernamentales prometieron otorgarle tierras, pero estos esfuerzos nunca se cumplieron. A pesar de estos desafíos, José se ha mantenido activo en su comunidad.
La situación financiera de la familia es modesta, recibiendo aproximadamente 150,000 colones mensuales, alrededor de $330 que representa aproximadamente un octavo del ingreso promedio nacional de los hogares. Esta condición económica ha persistido durante toda la vida de José, moldeada por las realidades socioeconómicas de su juventud. Sin embargo, mantiene una perspectiva positiva, describiéndose a sí mismo como "desgastado y aburrido", comparándose a sí mismo con un machete contundente. Utiliza una ayuda para caminar para moverse, disfrutando de breves caminatas al aire libre para respirar aire fresco y observar la vida silvestre, como loros en los árboles cercanos. La historia de José destaca la resistencia de los individuos que viven en circunstancias desafiantes y la importancia de las comunidades de apoyo.
A medida que continúan las evaluaciones, el mundo observa para ver si José Flores será reconocido oficialmente como el ser humano vivo más antiguo, ofreciendo nuevos conocimientos sobre los factores que contribuyen a una longevidad excepcional.
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