Myanmar: informe de la ONU destaca la escalada de la violencia contra los civiles Las Naciones Unidas han documentado un fuerte aumento en los ataques contra civiles en Myanmar durante el año pasado, con las fuerzas militares utilizando cada vez más ataques aéreos contra áreas residenciales, escuelas, hospitales, sitios religiosos y refugios para personas desplazadas internamente. Un informe exhaustivo del Mecanismo Independiente de Investigación para Myanmar (IIMM) revela que tales ataques dirigidos se han intensificado desde las elecciones parlamentarias de enero, sin signos de reducción. Los hallazgos se publicaron a fines de julio de 2026, marcando una escalada crítica en el conflicto que ha afectado al país durante casi dos años.
Entre principios de julio de 2025 y mediados de junio de 2026, el IIMM registró un notable aumento en los ataques deliberados contra la población civil, particularmente en regiones bajo control militar sostenido. Según los hallazgos de la comisión, el ejército birmano ha confiado cada vez más en drones y otras armas aéreas para llevar a cabo estos ataques, lo que hace que sea más difícil para los residentes locales anticiparlos o evadirlos. El informe señala que la frecuencia y la escala de tales ataques han crecido significativamente, especialmente durante el período que rodea las elecciones de enero, que desencadenaron protestas generalizadas contra la junta gobernante.
El informe anual del IIMM subraya el grave impacto humanitario de estas acciones, describiendo cómo las comunidades de Myanmar viven bajo la constante amenaza de ataque. "Cada pieza de evidencia y cada pista apunta a las vidas de los individuos afectados que se ven sacudidos por esta violencia", declaró el jefe del IIMM, Nicholas Koumjian.
El uso continuado de la fuerza por parte de los militares contra manifestantes pacíficos y la infraestructura ha provocado numerosas víctimas y desplazamientos, lo que profundiza aún más la crisis. A pesar de los repetidos llamados a la moderación, la junta ha mostrado pocas señales de cesar su campaña de represión. En paralelo, las tensiones en el conflicto israelí-palestino también han aumentado, atrayendo la atención de líderes y diplomáticos globales. El ex embajador alemán Steffen Seibert ha criticado la expansión en curso de los asentamientos israelíes en Cisjordania, calificándola como una forma de limpieza étnica a través de medios psicológicos y físicos.
Seibert, que hasta hace poco era representante de Alemania en Tel Aviv, reiteró su apoyo a la seguridad de Israel y condenó la ocupación de territorios más allá de las fronteras de 1967. Argumentó que el compromiso de Alemania de apoyar a Israel no se extiende a respaldar los asentamientos ilegales, que describió como violaciones del derecho internacional.
Mientras tanto, el enviado palestino de la ONU, Riad Mansur, acusó a Israel de continuar con sus políticas de anexión agresivas, instando a la comunidad internacional a apoyar el derecho de los palestinos a la autodeterminación.
A medida que ambos conflictos continúan desarrollándose, la comunidad internacional enfrenta una creciente presión para responder de manera efectiva. En Myanmar, la ONU continúa pidiendo rendición de cuentas, mientras que en el Medio Oriente, los esfuerzos diplomáticos permanecen estancados en medio de divisiones cada vez más profundas. Los próximos meses probablemente verán más desarrollos en ambas crisis, con posibles consecuencias para la estabilidad regional y la diplomacia global.
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