Once personas murieron en ataques aéreos israelíes en el sur del Líbano el sábado, marcando el ataque más letal desde un acuerdo de alto el fuego en junio. Los ataques ocurrieron en las primeras horas del día, golpeando múltiples ubicaciones en el área de Dahyie, incluidas las aldeas de Ansar y Deir Zahrani. Según la Agencia Nacional de Noticias (NNA) estatal del Líbano, los ataques incluyeron un ataque aéreo en una casa en Ansar, matando a siete personas e hiriendo a otras tres. Otro ataque en Deir Zahrani resultó en cuatro muertes adicionales y 17 heridos, elevando el número total de víctimas a 11.
El ejército israelí declaró que los ataques fueron en respuesta a un ataque de Hezbolá, el grupo militante respaldado por Irán, contra sus tropas en el área de la cordillera de Ali al-Taher en el sur del Líbano.
El presidente del Líbano, Michel Aoun, condenó los ataques como una violación del alto el fuego y un revés a las negociaciones en curso patrocinadas por Estados Unidos con el objetivo de resolver las tensiones entre Israel y el Líbano. Criticó el incidente como una clara señal de resistencia a los esfuerzos diplomáticos realizados en Roma, donde la octava ronda de conversaciones directas estaba programada para tener lugar a principios del próximo mes. Aoun enfatizó que las muertes de civiles, incluidas mujeres y niños, no eran justificables bajo ninguna circunstancia. Hezbolá, por su parte, prometió responder adecuadamente a los ataques israelíes y pidió a las autoridades libanesas que abandonaran el "camino humillante" de las negociaciones directas con Israel.
En respuesta, Israel llevó a cabo extensos ataques aéreos y una invasión terrestre que los funcionarios libaneses estiman que han causado más de 4.300 muertes. Aunque la situación se ha calmado un poco después del alto el fuego de junio y el posterior acuerdo marco, los ataques israelíes esporádicos continúan causando víctimas y destrucción en el sur del Líbano.
El acuerdo marco esboza una retirada gradual de las fuerzas israelíes del sur del Líbano, dependiendo del desarme de Hezbolá y el eventual despliegue del ejército libanés en la región. Sin embargo, Hezbolá se ha opuesto constantemente a estos términos, considerándolos una capitulación a las demandas israelíes. El grupo se ha negado a desarmarse, argumentando que es necesario para la autodefensa contra una posible agresión israelí.
La organización destacó la importancia de la presencia de la ONU para disuadir los ataques contra civiles y prevenir las violaciones de los derechos humanos. A pesar de estos llamamientos, el futuro de tal misión sigue siendo incierto, particularmente dada la reciente escalada de la violencia. El primer ministro libanés Najib Mikati expresó su preocupación por la situación creciente, enfatizando que las víctimas del ataque de Ansar no eran objetivos militares. Instó a Israel a cesar sus acciones "extremadamente peligrosas" y pidió una reducción inmediata de la escalada.
Mientras tanto, el presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, un aliado cercano de Hezbolá, culpó a Israel por la renovada violencia e instó a la comunidad internacional a responsabilizar al gobierno israelí por sus acciones. A medida que la situación continúa desarrollándose, las perspectivas de una resolución duradera siguen sin estar claras. Con ambas partes acusándose mutuamente de violar el alto el fuego y el proceso de negociación enfrentando desafíos crecientes, el riesgo de más violencia es grande. Los recientes ataques sirven como un claro recordatorio de la naturaleza frágil de la tregua actual y las tensiones profundas que continúan alimentando el conflicto.
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