El 27 de julio de 2026, el Comité Central del Likud votó para aprobar la propuesta del primer ministro Benjamin Netanyahu de expandir su control sobre la lista de candidatos al Knesset del partido, otorgándole la autoridad para determinar ocho ranuras clave dentro de los 30 primeros puestos.
La aprobación de la propuesta siguió a un intenso debate interno y a la disidencia pública, particularmente por parte del diputado del Likud David Bitan, quien criticó la medida como una amenaza a las tradiciones democráticas del partido. Bitan acusó al presidente del Comité Constitucional del Likud, Haim Katz, de fomentar una división faccional dentro del partido, sugiriendo que Katz había apoyado la propuesta a cambio de beneficios personales.
Los cambios propuestos incluyen reservar posiciones específicas en la pizarra del Likud para los aliados de Netanyahu, incluidas figuras de partidos aliados como la Nueva Esperanza de Gideon Sa.ar, así como líderes de las facciones del Sionismo Religioso y Otzma Yehudit. Estas medidas tienen como objetivo incentivar la cooperación entre los partidos de derecha, que históricamente han luchado para mantener un rendimiento electoral consistente. Según los analistas políticos, la estrategia refleja el esfuerzo más amplio de Netanyahu para consolidar el poder y garantizar que su visión de la gobernanza siga siendo central en la plataforma del partido.
La decisión se alcanzó a pesar del rechazo de otra iniciativa respaldada por Netanyahu por el máximo tribunal interno del Likud. A principios de la semana, el tribunal falló en contra de una disposición que habría permitido al partido cancelar sus elecciones primarias programadas para el 17 de agosto en caso de una crisis de seguridad, reemplazándolas con un comité nombrado bajo el control de Netanyahu. El tribunal enfatizó que las elecciones internas son un requisito constitucional y no se pueden pasar por alto en previsión de amenazas externas. El fallo subrayó la tensión en curso entre las ambiciones de Netanyahu y las salvaguardas institucionales del partido.
La aprobación de las nuevas reglas se produce en medio de una mayor volatilidad política, con múltiples partidos compitiendo por la influencia y la confianza pública erosionándose debido a las preocupaciones sobre la integridad de los votantes y la retórica incendiaria. El presidente Isaac Herzog advirtió de posibles amenazas para el proceso electoral, citando informes de inteligencia que destacan los crecientes riesgos para la competencia justa. Mientras tanto, el Likud se ha enfrentado a críticas por su uso de materiales de campaña generados por IA dirigidos a líderes de la oposición, acusándolo de socavar las normas democráticas.
Las divisiones internas dentro del Likud continúan profundizándose, con algunos miembros que apoyan los cambios como necesarios para la estabilidad, mientras que otros los ven como una traición a los principios fundadores del partido. La dependencia del partido de un complejo sistema primario, donde más de 100,000 miembros suelen participar en la selección de candidatos, ha sido desafiada por el impulso de Netanyahu por un control centralizado. El resultado de las primarias del 17 de agosto será crucial para determinar el equilibrio de poder dentro del partido y la escena política israelí en general. A medida que la campaña se intensifica, el enfoque se desplazará hacia cómo estos cambios estructurales afectan la participación del votante y la legitimidad del proceso electoral.
Con nuevos partidos de derecha entrando en la carrera y los debates legislativos sobre temas como la segregación de género en la educación superior ganando fuerza, los próximos meses prometen ser un período decisivo para la política israelí. La batalla por la lista del Likud no se trata solo de asegurar escaños parlamentarios, sino de dar forma a la dirección del futuro de la nación.
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