Un tiburón de Groenlandia de 150 años de edad apareció en la costa de Irlanda, ofreciendo a los científicos una rara oportunidad de estudiar una de las criaturas más longevas del océano. El cadáver fue descubierto en abril a lo largo de las costas del condado de Sligo, lo que llevó al Irish Whale and Dolphin Group a alertar a las autoridades. El Museo Nacional de Irlanda posteriormente recuperó el animal para fines de investigación, marcando un momento único en la biología marina. El espécimen medía tres metros de largo y pesaba aproximadamente 200 kilogramos, lo que sugiere un rango de edad de 150 a 200 años.
Para los tiburones de Groenlandia, que pueden vivir de 400 a 500 años, 150 años representa una edad relativamente joven, aunque normalmente alcanzan la madurez sexual en esta etapa de sus vidas. Emilie De Loose, bióloga marina del Irish Whale and Dolphin Group, expresó admiración y tristeza al examinar a la criatura.
Agregó que la longevidad del animal era casi incomprensible, teniendo en cuenta la gran cantidad de historia que podría haber presenciado. Durante el examen post-mortem, los investigadores no encontraron signos de lesiones externas que pudieran explicar su muerte. Removieron el hígado de 50 kilogramos, el corazón de 34 kilogramos y partes del estómago y el tracto digestivo para un análisis posterior. Estas muestras proporcionarán información valiosa sobre la fisiología y la dieta de la especie, particularmente dados los desafíos de estudiar a tales habitantes de aguas profundas. Los tiburones de Groenlandia habitan las aguas frías del Atlántico Norte, a menudo a profundidades que superan los cientos o incluso miles de metros.
Su hábitat remoto hace que sea difícil observarlos y estudiarlos, lo que hace que el descubrimiento de este espécimen sea especialmente significativo. Los investigadores notaron que el tiburón probablemente se alimentaba de animales muertos que yacían en el fondo del mar, un comportamiento conocido como carroña. Sus dientes estaban adaptados de manera única para este propósito, los dientes superiores rectos y afilados, mientras que los dientes inferiores crecían en dos direcciones, parecidos a una sierra. Esta adaptación permite al tiburón desgarrar eficientemente la materia en descomposición.
A pesar de estas observaciones, la causa de la muerte del tiburón sigue sin estar clara. Uno de sus testículos estaba torcido y su bazo exhibió una coloración inusual. Si bien estas anomalías sugieren posibles problemas internos, la condición general del animal parecía saludable. Los científicos especulan que el tiburón pudo haber sufrido una enfermedad indetectable u otros factores desconocidos que contribuyeron a su desaparición. El descubrimiento ha generado un renovado interés en el estado de conservación de los tiburones de Groenlandia, que enfrentan amenazas por el cambio climático, la sobrepesca y la actividad humana.
A medida que los investigadores continúan su análisis, los hallazgos pueden contribuir a esfuerzos más amplios para comprender y proteger a estos antiguos marineros de las profundidades.
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