Más de 1.000 presos condenados a muerte en la prisión de Ghezel Hesar de Irán han comenzado una tercera semana de una huelga de hambre masiva para protestar por la alta tasa de ejecuciones en el país, con algunos presos que se cuelgan los labios como una forma de protesta. La huelga sigue a los informes de que seis presos fueron transferidos a confinamiento solitario antes de posibles ejecuciones, y los presos son condenados principalmente por delitos relacionados con las drogas. Las protestas han atraído la atención internacional, con grupos de derechos humanos como HRANA y Amnistía Internacional destacando las preocupaciones sobre la dependencia de Irán de la pena capital. Grupos exiliados como el Consejo Nacional de Resistencia de Irán (NCRI) han condenado la falta de respuesta de las autoridades, señalando que los prisioneros están en deterioro de salud a pesar de las llamadas a la intervención médica. Esto se produce en medio de informes más amplios sobre el aumento de las ejecuciones estatales bajo el presidente Masoud Masoud Pezoud.
Lectura del sesgo (Conservador): El artículo enmarca el tema a través de una lente que enfatiza la "represión de los disidentes políticos" en Irán y se alinea con las narrativas críticas del historial de derechos humanos de Irán.


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