El escenario geopolítico está evolucionando a medida que los países que anteriormente se oponían a la proliferación nuclear consideran adoptar el enfoque de Irán, manteniendo la capacidad técnica para desarrollar armas nucleares sin poseerlas realmente. Esta llamada estrategia de "latencia nuclear" ha sido una piedra angular de la política de Irán durante años, y ahora parece estar influyendo en otras naciones, incluidos Japón, Corea del Sur, Arabia Saudita y potencialmente los Emiratos Árabes Unidos. El reciente acuerdo entre Arabia Saudita y los Estados Unidos podría marcar un punto de inflexión en esta tendencia.
Firmado el 22 de julio, el acuerdo permitiría a Riad perseguir el enriquecimiento de uranio, un componente central de las ambiciones nucleares de Irán, siempre que reciba la aprobación del Congreso. Sin embargo, el acuerdo excluye el "protocolo adicional" de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), que otorga a los inspectores acceso a las instalaciones con solo dos horas de aviso. Esta omisión significa que los técnicos de la AIEA tendrían una autoridad limitada sobre las actividades nucleares saudíes, restringidas a los lugares permitidos por Riad. Este desarrollo ha generado preocupaciones en los Emiratos Árabes Unidos, el principal rival regional de Arabia Saudita después de Irán.
Los Emiratos Árabes Unidos recientemente cortaron las transferencias bancarias con Arabia Saudita sin explicación, intensificando las tensiones más allá de la esfera geopolítica en rivalidades personales. El príncipe Mohammed bin Salman de Arabia Saudita y el presidente Mohammed bin Zayed de los Emiratos Árabes Unidos supuestamente albergan desconfianza mutua, complicando aún más sus interacciones estratégicas. Ambos líderes operan sin controles institucionales, lo que agrega impredecibilidad a sus aspiraciones nucleares.
Mientras que sus operaciones se limitan actualmente a tecnologías de no enriquecimiento, fuentes internas sugieren que el país está explorando formas de adquirir capacidades de enriquecimiento de uranio. Tales movimientos probablemente se centrarían en objetivos a largo plazo en lugar de la militarización inmediata, dada la dificultad de producir bombas atómicas encubiertamente. Barakah enfrenta desafíos de seguridad, destacados en mayo cuando un ataque de aviones no tripulados por milicias respaldadas por Irán en Irak dañó uno de sus generadores.
Los Emiratos Árabes Unidos han mantenido estrechos lazos con Israel, incluso permitiendo a los soldados israelíes operar sistemas de defensa aérea en su territorio durante el conflicto con Irán. Esta relación se remonta a los acuerdos históricos de cooperación nuclear, incluido un acuerdo secreto con Sudáfrica en la era del apartheid que incluyó una prueba nuclear clandestina en el Océano Índico en 1979.
Estas sanciones reflejan las tensiones más amplias que afectan la estabilidad global y complican los esfuerzos para manejar diplomáticamente los problemas relacionados con la nuclear. Los aliados de Estados Unidos plantean preguntas sobre el futuro de los esfuerzos de no proliferación. Con múltiples países considerando capacidades nucleares mejoradas, la comunidad internacional enfrenta nuevos desafíos para mantener la transparencia y prevenir la escalada. La situación destaca la compleja interacción entre los intereses de seguridad nacional y los objetivos de desarme global, a medida que las naciones navegan por el delicado equilibrio entre la disuasión y la cooperación.
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