En agosto de 2021, los talibanes reprimieron el control de Afganistán, introduciendo severas restricciones sobre las actividades de las mujeres, incluido el deporte. Las jugadoras de fútbol femenino se vieron obligadas a exiliarse en países como Albania, Australia y los Estados Unidos, donde continuaron entrenando con la esperanza de jugar nuevamente. En 2026, una equipo de 23 atletas regresó a Nueva Zelanda por un retiro y debido a un partido amistoso contra la selección de las Islas Cook. La FIFA les concedió la autorización para jugar sin el consentimiento de la Federación Afgana, controlada por los talibanes.
Lectura del sesgo (Progresista): El artículo enmarca el regreso de las futbolistas afganas como una victoria contra la opresión, destacando la exclusión sistemática tanto por parte de los talibanes como de las organizaciones deportivas internacionales.



