Las autoridades españolas han confirmado que Toñi, la matriarca de una manada de orcas en peligro crítico de extinción conocida por interactuar con los buques en el Estrecho de Gibraltar, ha sufrido lesiones consistentes con haber sido disparada por una escopeta o una pistola de perdigones. El descubrimiento ha provocado una investigación oficial y ha generado preocupaciones entre los conservacionistas sobre la vulnerabilidad de la población de orcas ibéricas. Toñi, el miembro más antiguo conocido de la manada, fue observada con múltiples heridas de impacto a lo largo de su aleta dorsal, con algunos proyectiles aún incrustados en el tejido, lo que aumenta el riesgo de infección.
Según los informes, Toñi fue fotografiada a principios de este año sin lesiones visibles, lo que confirma que las heridas son recientes. Organizaciones de conservación como Iberian Orca Guardians (IOG) y WeWhale han estado monitoreando de cerca a la orca, notando la gravedad del daño y expresando profunda preocupación por las implicaciones para la especie.
En 2020, las orcas ganaron una atención generalizada después de que los marineros informaron de incidentes que involucraron que los timones se golpearan, los buques se giraran 180 grados e incluso los barcos se hundieran.
Las imágenes de video de 2023 mostraron a individuos lanzando fuegos artificiales mientras las orcas se acercaban al timón de un barco, destacando el creciente conflicto entre los humanos y los mamíferos marinos. Los científicos advierten que tales medidas de represalia representan amenazas adicionales para las orcas, especialmente dado el estado ya precario de su población. Se estima que la población de orcas ibéricas consta de solo 30 a 40 individuos, lo que las convierte en una de las poblaciones de orcas más amenazadas a nivel mundial.
La adición de daño deliberado infligido a Toñi exacerba los riesgos para la supervivencia de la especie. Los conservacionistas argumentan que las orcas requieren protección en lugar de represalias, enfatizando que dispararles es poco ético y perjudicial para su frágil existencia. Las agencias españolas de protección marina han emitido llamados de información a los marineros locales y operadores de barcos, con la esperanza de identificar posibles testigos o pruebas relacionadas con el tiroteo. Mientras tanto, la organización WeWhale ha documentado la extensión de las lesiones, señalando aproximadamente 10 impactos de pellet en la aleta dorsal de Toñi.
Algunos proyectiles pueden haber pasado por completo a través de la aleta, mientras que otros permanecen alojados en el interior, lo que genera preocupaciones sobre los efectos a largo plazo en la salud de la orca. La situación ha llamado la atención de los funcionarios y el público por igual. La ministra de Medio Ambiente de España, Sara Aagesen, comentó sobre el incidente a través de Bluesky, afirmando que las lesiones de las orcas son consistentes con las balas de escopeta y describió el acto como un crimen grave contra una especie vulnerable.
Dos personas a bordo del barco afectado fueron rescatadas después de que su timón fue destruido, y el barco comenzó a hundirse. Las autoridades locales respondieron rápidamente, desplegando un barco privado y la Guardia Costera española para ayudar a las víctimas. A medida que se desarrolla la investigación, el enfoque sigue siendo determinar si las lesiones fueron el resultado de un daño intencional. El caso subraya la compleja relación entre los humanos y la vida silvestre marina en uno de los corredores marítimos más concurridos del mundo.
Con la población de orcas ibéricas ya al borde de la extinción, el incidente sirve como un claro recordatorio de la necesidad urgente de medidas de protección y una mayor conciencia del equilibrio ecológico en la región.
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