Este artículo explica las diferencias históricas y teológicas entre el Día de Todos los Santos y el Día de Todos los Fieles Difuntos dentro del calendario cristiano. Señala que el Día de Todos los Santos fue trasladado al 1 de noviembre por el Papa Gregorio III en el siglo VIII para honrar a todos los santos canonizados y a aquellos que vivieron vidas ejemplares como cristianos. En contraste, el Día de Todos los Fieles Difuntos surgió dos siglos después, gracias a la iniciativa del abad Odilo de Cluny, y fue confirmado por el Vaticano en 1311. El artículo describe prácticas tradicionales, como encender velas en las tumbas y asistir a la misa para orar por los difuntos. Además, corrige explícitamente la creencia común de que el Día de Todos los Fieles Difuntos es el "Día de los Muertos", argumentando que este término es incorrecto, ya que la doctrina cristiana sostiene que el alma humana es inmortal.
Lectura del sesgo (Centro): El artículo presenta la historia y las tradiciones religiosas de manera neutral, sin tomar partido en ningún asunto político ni debate de políticas.




