En agosto, The Threepenny Opera, escrita por Bertolt Brecht con música de Kurt Weill, regresará a Buenos Aires después de casi un siglo desde su debut. La producción, que se ejecutará a partir del 21 de agosto en el Teatro Presidente Alvear, marca la primera producción conjunta entre el Teatro Colón y el Complejo de Teatro de Buenos Aires. Dirigida por Gabriel Calderón y con dirección musical de Annunziata Tomaro, la obra fue creada durante los últimos años de la República de Weimar y ofrece una crítica aguda de un mundo en el que los criminales, los empresarios y las autoridades operan dentro del mismo sistema.
Calderón ve relevancia contemporánea en la obra, sin embargo, enfatiza la importancia de evitar que la actuación parezca un comentario directo sobre los problemas de hoy. En su lugar, su enfoque se centra en resaltar la contradicción inherente a la pieza y trabajar con ella durante los ensayos. Calderón describió la importancia de esta colaboración entre dos instituciones con especializaciones distintas. Señaló que las organizaciones públicas tienen cada una sus propias dinámicas internas, y aunque no conoce profundamente Argentina, observa que hay objetivos y intenciones creativas compartidas. El desafío radica en alinear estos diferentes enfoques en una producción cohesiva.
A pesar de las dificultades iniciales para entenderse mutuamente, cree que la asociación puede conducir a resultados significativos a través del apoyo mutuo y las fortalezas complementarias. Reconoció que si bien el proceso puede ser lento, el potencial de sinergia es prometedor. La decisión de poner en escena The Threepenny Opera surgió por iniciativa del Teatro Colón y el teatro San Martín.
Mientras que muchos asocian la ópera con grandes orquestas y elaboradas producciones, Brecht trató de hacerla más simple y accesible. Esto condujo a una forma única de expresión operística, que es pequeña en escala pero rica en profundidad teatral. Con más de 20 canciones y más de 20 actores y músicos, la producción es modesta y ambiciosa. Sus colegas respondieron que aunque era pequeña en comparación con las producciones típicas de Colón, todavía era una empresa significativa. La complejidad del proyecto se hizo evidente cuando consideraron el número de artistas y los intrincados arreglos musicales. A pesar de estos desafíos, Calderón se sintió atraído por el trabajo.
Se refirió a una frase atribuida a Brecht, aunque no directamente de esta obra en particular, que resonó con él dadas las circunstancias globales actuales. En tiempos en que defender verdades obvias se siente necesario, los textos de Brecht llevaban una simplicidad peligrosa. Sus obras no eran simplemente sobre la declaración de mensajes claros, sino sobre cómo la puesta en escena y la actuación misma construyó el significado. Los métodos de Brecht a menudo implicaban técnicas de distanciamiento para evitar la propaganda directa. Su objetivo no era simplemente declarar una verdad, sino explorar cómo todo el aparato teatral podría moldear la percepción.
Esta filosofía continúa resonando con Calderón, quien ve la obra como una herramienta poderosa para involucrar al público con realidades sociales complejas. Al centrarse en la estructura y la ejecución en lugar del contenido solo, la producción tiene como objetivo provocar el pensamiento y la reflexión. El desafío, como reconoce Calderón, es equilibrar la fidelidad a la obra original con la necesidad de presentarla de una manera que se sienta relevante sin ser didáctica.
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