El plan, introducido por la Junta de Paz de Trump a fines de julio, delineó una retirada militar israelí por etapas de Gaza en función del desarme total de Hamas. El plan, presentado por la Junta de Paz de Trump a fines de julio, es un plan de retiro de las fuerzas armadas israelíes de la Franja de Gaza.
Su objetivo era establecer una administración de transición liderada por una autoridad palestina para administrar el área mientras se garantiza la estabilidad regional. Sin embargo, Netanyahu rechazó la propuesta, argumentando que tal retirada podría poner en peligro la seguridad de Israel. Insistió en que Hamas debe renunciar a todas las armas, incluidas las armas ligeras como los rifles Kalashnikov, antes de que se lleve a cabo cualquier movimiento de tropas.
Muchos israelíes, especialmente los que viven cerca de la frontera de Gaza, expresaron su preocupación de que las retiradas prematuras podrían conducir a una reanudación de la violencia. Shlomo Margalit, un residente del kibutz Nir Oz, expresó su temor de que el ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023 podría repetirse si se relajaban las medidas de seguridad. Otros, como Bruce Schonefeld de Tel Aviv, criticaron el plan como poco realista, señalando que Hamás ha mostrado poca voluntad de desarmarse y que la participación de Trump parecía más simbólica que sustancial.
Hamas, que aceptó formalmente el plan poco después de seleccionar un nuevo liderazgo bajo Khalil al-Hayya, continúa abogando por su implementación. Diplomáticos estadounidenses y mediadores internacionales ejercen presión sobre Netanyahu para que cumpla con la hoja de ruta. Un funcionario de Hamas, Bassem Naïm, declaró que la organización espera que Estados Unidos asegure que Israel no obstruya el proceso por razones políticas o electorales. A pesar de estos llamamientos, Hamas reconoce que el plan sigue estancado debido a la resistencia israelí. El rechazo del plan ha tensado aún más las relaciones entre Netanyahu y Trump, cuya alianza se había fortalecido en los últimos años.
Trump, conocido por su fuerte defensa de Israel, había elogiado el plan como un gran paso hacia la paz. Sin embargo, la negativa de Netanyahu a respaldar la propuesta señala un cambio en su dinámica, con el líder israelí afirmando una mayor autonomía en la configuración de la política de seguridad. Esta divergencia se produce después de meses de discordia, incluida la crítica pública de Trump a Netanyahu durante las negociaciones diplomáticas con Irán a principios de este año. Mientras tanto, la situación en Gaza sigue siendo frágil.
El ejército israelí ha continuado las operaciones dirigidas en la región, lo que ha provocado bajas civiles, según funcionarios palestinos que estiman que más de 1.200 personas, en su mayoría mujeres y niños, han muerto desde el inicio del alto el fuego. La crisis humanitaria persiste, con entregas de ayuda frecuentemente interrumpidas y la infraestructura sigue sufriendo daños extensos. A medida que el panorama político en Israel se vuelve cada vez más volátil, la decisión de Netanyahu de rechazar el plan de Trump subraya su determinación de priorizar la seguridad nacional por encima de todo.
Con las próximas elecciones, mantener el apoyo público sigue siendo crucial, y su postura de línea dura sobre Gaza parece ser un esfuerzo calculado para apelar a su base conservadora. El destino de la iniciativa de paz ahora depende de si los actores internacionales, incluidos Estados Unidos y Egipto, pueden cerrar la brecha cada vez mayor entre Israel y Hamas. Por ahora, sin embargo, el camino hacia la resolución sigue siendo incierto.
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