Cuba experimentó un apagón a nivel nacional debido al colapso de su red eléctrica, agravado por la escasez de combustible, la falta de piezas de repuesto y la infraestructura envejecida. La Unión Eléctrica estatal (UNE) anunció el apagón pero proporcionó pocos detalles sobre su causa o línea de tiempo de resolución. Este incidente sigue a una serie de apagones en julio, con uno que dejó a aproximadamente 10 millones de personas sin electricidad. El gobierno cubano atribuye la crisis a las sanciones de los Estados Unidos, particularmente al bloqueo petrolero impuesto después del secuestro en 2019 del presidente venezolano Nicolás Maduro. Sin embargo, algunos analistas señalan décadas de subinversión y mala gestión en el sector energético de Cuba. Los apagones prolongados han interrumpido servicios esenciales como transporte, suministro de agua, comunicación y atención médica, lo que ha afectado significativamente la vida diaria.
Lectura del sesgo (Progresista): El artículo enmarca el apagón principalmente a través de la lente de las sanciones impuestas por los Estados Unidos, enfatizando la culpa de Cuba contra Washington. Si bien reconoce puntos de vista alternativos (como la falta de inversión), la narrativa dominante se alinea con las críticas izquierdistas de la política exterior y la presión económica de los Estados Unidos.





