La reducción en el desplazamiento se atribuyó a la disminución de la frecuencia de réplicas, que habían comenzado a disminuir después de los temblores iniciales. La actividad de réplicas, aunque reducida, continuó representando riesgos para la población afectada.
Este período de incertidumbre requirió una vigilancia y preparación continua tanto entre las autoridades como entre la población local. El terremoto causó 111 muertes confirmadas y 1.631 lesiones, con 223 personas que sufrieron lesiones graves y 1.408 que recibieron lesiones leves. El desastre también causó daños extensos a propiedades residenciales, con 95.567 hogares afectados. De estos, 46.161 sufrieron daños leves, 21.992 sufrieron daños moderados y 27.414 fueron severamente dañados. El BNPB enfatizó la necesidad urgente de proporcionar viviendas temporales o sitios de reubicación para 27.414 familias cuyas casas fueron completamente destruidas.
En respuesta a la crisis, Indonesia movilizó rápidamente múltiples agencias, incluida la policía, el ejército y varios ministerios, para ayudar en las operaciones de búsqueda y rescate y la distribución de suministros de socorro. El gobierno nacional desplegó recursos para garantizar la seguridad y la estabilidad de las comunidades afectadas. El presidente Prabowo Subianto visitó la región de NTT para supervisar los esfuerzos de socorro en caso de desastres de primera mano, reafirmando el compromiso del gobierno de proporcionar apoyo continuo.
Su visita siguió a la del vicepresidente Gibran Rakabuming Raka, quien prometió asistencia inmediata para reparar la infraestructura dañada y ofrecer apoyo igualitario a todos los sobrevivientes, incluidos los que viven en centros de evacuación. Los esfuerzos de recuperación se extendieron más allá del alivio inmediato, centrándose en la resiliencia a largo plazo y el desarrollo sostenible. El Ministerio de Turismo de Indonesia anunció planes para transformar Labuan Bajo en un centro turístico más resistente a los desastres. El ministerio tiene como objetivo fortalecer los protocolos de gestión de riesgos de desastres y promover el desarrollo de nuevas atracciones terrestres dentro del distrito de West Manggarai.
Estas iniciativas están diseñadas para garantizar la continuidad del crecimiento del turismo, al tiempo que mejoran la seguridad y las oportunidades económicas para las comunidades locales. El Ministro Widiyanti Putri Wardhana destacó la importancia de integrar la preparación para desastres en el marco operativo del sector turístico, enfatizando la necesidad de sistemas robustos de respuesta a emergencias y procedimientos de evacuación mejorados. Los esfuerzos para restaurar la normalidad en la región incluyeron la reapertura de sitios turísticos clave como el Parque Nacional Komodo y la Isla Padar, que se habían sometido a evaluaciones de seguridad exhaustivas. El tráfico de vuelos nacionales e internacionales se mantuvo estable, lo que refleja la resistencia de la economía local.
Para reforzar aún más la seguridad del turismo marítimo, el gobierno introdujo programas de capacitación bajo la iniciativa de Certificación de la Fuerza Laboral de Turismo de Indonesia (SATRIA). Además, se priorizó el desarrollo de atracciones terrestres, incluida la isla de Kukusan, la isla de Kelor y la cueva de Rangko, para diversificar las ofertas turísticas y reducir la dependencia de las zonas costeras vulnerables.
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