El artículo reconoce los esfuerzos de los funcionarios del gobierno colombiano, incluido el presidente, el vicepresidente, los gobernadores y los alcaldes, para abordar a las víctimas de un reciente terremoto y las comunidades rurales afectadas por incendios ilegales. Elogia las acciones decisivas contra el tráfico de drogas y los grupos armados. Sin embargo, el autor expresa preocupación por las manifestaciones de odio y la falta de diálogo social dentro de los gobiernos nacionales y regionales. Basándose en su experiencia personal, el escritor destaca los desafíos de gobernar una población diversa y pobre mientras enfatiza los principios de gobernanza ética como la tolerancia cero para la corrupción, la violencia, la desigualdad y la degradación ambiental. La pieza aboga por una política de "gobernar sin odio" y el diálogo social, argumentando que este enfoque no entra en conflicto con la lucha contra los grupos armados ilegales o la corrupción.
Lectura del sesgo (Progresista): El artículo critica las prácticas actuales de gobernanza, en particular la presencia de odio y la falta de diálogo, que se alinea con las críticas de izquierda al autoritarismo y la polarización.




