Un pánico masivo en un templo hindú en la India ha provocado al menos siete muertes y 19 heridos, según las autoridades. El incidente ocurrió en el templo Ashok-Dham en el distrito de Lakhisarai, en el estado oriental de Bihar. La multitud se había reunido para rendir homenaje a la deidad hindú Shiva. Los funcionarios declararon que el pánico fue provocado por rumores de que un poste de energía había caído sobre los fieles.
En esta ocasión, la reunión fue inusualmente grande, con cientos de personas presentes. Los informes iniciales sugieren que el pánico comenzó cuando la información no verificada se extendió por la multitud, alegando que un poste de energía se había derrumbado. Esto llevó a una confusión generalizada y caos, causando que varias personas se cayeran o fueran pisoteadas. Los servicios de emergencia fueron rápidamente enviados a la escena, pero la situación resultó difícil de controlar. Las autoridades han confirmado que al menos siete personas perdieron la vida en el incidente, mientras que otras 19 resultaron heridas y fueron llevadas a hospitales cercanos.
La causa exacta del accidente sigue bajo investigación, aunque las evaluaciones preliminares apuntan al papel de la desinformación en la exacerbación de la crisis. Los funcionarios locales han expresado su preocupación por la falta de infraestructura adecuada y sistemas de respuesta de emergencia en sitios religiosos tan densamente poblados. Esta no es la primera vez que ocurren tragedias de este tipo en templos indios.
Estos eventos recurrentes destacan los persistentes desafíos que enfrentan las autoridades locales en el manejo de grandes multitudes y la garantía de la seguridad pública durante las reuniones religiosas. En los últimos años, ha habido llamados a mejorar los protocolos de seguridad y una mejor coordinación entre los líderes religiosos y las agencias gubernamentales. Sin embargo, muchos templos continúan operando sin suficiente supervisión, lo que aumenta los riesgos durante los períodos de mayor asistencia. El incidente actual ha provocado nuevas discusiones sobre la necesidad de regulaciones más estrictas y una mayor preparación para emergencias en tales entornos.
Los equipos de rescate trabajaron incansablemente para estabilizar la situación, pero el daño ya estaba hecho. Las familias de las víctimas han comenzado a llorar sus pérdidas, y algunos expresan su frustración por la falta de medidas preventivas.
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