Gerhard Karner, el ministro del Interior austriaco, ha afirmado que "el Estado de derecho necesita fuerza y dientes" durante una entrevista con Kurier. Hablando poco después de presentar los números de asilo más bajos en dos décadas, Karner enfatizó el éxito de los esfuerzos de Austria para disuadir la migración a través de cambios de política doméstica y europea. Sus comentarios se producen en medio de discusiones en curso sobre la seguridad fronteriza y la efectividad de los factores de empuje para reducir las entradas. La entrevista fue motivada por los comentarios hechos por Dominik Nepp, líder del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), quien había declarado anteriormente que Viena debería convertirse en "lo menos atractiva posible" para los migrantes.
Karner reconoció la importancia de los factores de atracción y empuje en la configuración de los patrones migratorios, citando el aumento de medidas como controles más estrictos en las fronteras internas y la mejora de la protección a lo largo de las fronteras exteriores, en particular la frontera búlgara-turca, como factores clave que contribuyen a la disminución de las solicitudes de asilo.
Según Karner, la respuesta no vino de los grupos de izquierda, que tradicionalmente ayudan a los migrantes, sino de figuras de extrema derecha como Martin Sellner, que usaron las redes sociales para avivar el miedo y sugerir que Europa está siendo invadida. A pesar de la proximidad de Ceuta a África, Karner argumentó que estas personas celebraron la afluencia como un medio para generar impulso político.
Al abordar las preocupaciones sobre la desinformación, Karner confirmó que Austria utiliza las plataformas de redes sociales para contrarrestar las falsas narrativas difundidas por los contrabandistas. Una campaña titulada "Regreso de Austria" destaca a los repatriados exitosos, mientras que los expertos participan en grupos de chat cerrados para monitorear y responder a las redes de comunicación ilegales. Karner describió este esfuerzo como similar al despliegue de personas influyentes contra el asilo, enfatizando la necesidad de combatir las noticias falsas y las campañas de desinformación orquestadas por las redes de contrabando organizadas.
Reconoció la conmoción causada por las imágenes de Ceuta, señalando que la situación condujo a la mayor operación de repatriación en la historia europea, con entre 70.000 y 80.000 personas a las que se les negó la entrada. Sin embargo, Karner criticó a España por no abordar los factores de atracción, incluidas las políticas de regularización masiva y el escepticismo hacia el pacto de asilo de la UE. Cuando se le presionó sobre Marruecos, sugirió que la migración puede ser parte de una guerra híbrida destinada a desestabilizar a otras naciones, aunque elogió la cooperación entre las autoridades marroquíes y españolas para evitar nuevas incursiones.
Karner también abordó la posibilidad de que ocurran incidentes similares a lo largo de la ruta de los Balcanes, advirtiendo que la actividad criminal podría ocurrir si un país se frustra con las políticas europeas. Hizo hincapié en la necesidad de preparación y reafirmó su creencia de que el estado de derecho debe aplicarse con determinación. Hizo alusión al establecimiento de centros de retorno fuera de Europa, describiéndolos como una realidad que habría sido impensable hace solo tres años.
El debate pone de relieve la compleja interacción entre las estrategias nacionales y transnacionales en la gestión de los flujos migratorios, destacando tanto los desafíos como los enfoques en evolución dentro de la Unión Europea.
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