Los factores genéticos pueden ser responsables de más de la mitad de la variación en la esperanza de vida humana, según una nueva investigación publicada este año. Sin embargo, esto no significa que nuestras vidas están predeterminadas. Las opciones de estilo de vida, como la dieta, el ejercicio, el sueño, el tabaquismo, el consumo de alcohol, el manejo del estrés y las interacciones sociales, también juegan un papel crucial en determinar cuánto tiempo vivimos. El estudio sugiere que las influencias genéticas podrían explicar hasta el 55 por ciento de las diferencias en la longevidad entre los individuos, una cifra significativamente mayor que la estimada anteriormente en estudios anteriores. Los hallazgos desafían las suposiciones anteriores sobre el papel de la genética en el envejecimiento.
Los investigadores han debatido durante mucho tiempo si los factores genéticos fueron subestimados en estudios anteriores. Una razón para esta discrepancia puede estar en la dificultad de distinguir los efectos genéticos de las influencias ambientales como accidentes, enfermedades infecciosas y condiciones socioeconómicas. Estos factores externos pueden sesgar los resultados en estudios más antiguos, potencialmente subestimando el verdadero impacto de los genes en la esperanza de vida. Si la nueva evaluación es precisa, implica que las contribuciones genéticas a la longevidad han sido constantemente subestimadas hasta ahora. Los científicos creen que cientos, posiblemente miles, de genes contribuyen a determinar la esperanza de vida.
A pesar de esto, relativamente pocos han sido identificados y validados de manera confiable a través de investigaciones independientes. Entre estos genes, algunos están vinculados a la salud cardiovascular, la función del sistema nervioso, los procesos metabólicos, la resiliencia celular, la respuesta inmune y los mecanismos inflamatorios.
Un estudio de 2023 demostró que el cambio de una dieta poco saludable a una asociada con una vida más larga podría aumentar la esperanza de vida hasta en diez años. Fumar, sin embargo, se destaca como un factor de riesgo importante. La investigación indica que el uso de cigarrillos puede acortar la esperanza de vida en aproximadamente diez años. Estimaciones más recientes sugieren que cada cigarrillo fumado puede reducir la esperanza de vida en alrededor de 20 minutos. Otros factores críticos incluyen actividad física regular, sueño de alta calidad, bienestar mental, reducción del estrés, conexiones sociales y condiciones de vida.
También hay un creciente interés en el campo de la epigenética, que explora cómo el comportamiento y el medio ambiente interactúan con la expresión genética sin alterar las secuencias de ADN. En términos más simples, las opciones de estilo de vida pueden influir en cómo se activan o desactivan genes específicos dentro del cuerpo. Esta conexión entre la genética y el estilo de vida subraya la importancia de comprender cómo la naturaleza y la crianza dan forma al envejecimiento humano. Los estudios en animales han demostrado que los cambios en los mecanismos epigenéticos pueden afectar los procesos de envejecimiento, lo que sugiere que algunos cambios biológicos relacionados con el envejecimiento no solo pueden retrasarse, sino potencialmente revertirse bajo ciertas condiciones.
A medida que la investigación sobre la longevidad continúa evolucionando, los científicos se centran cada vez más en descubrir la intrincada interacción entre los genes y el estilo de vida. Si bien las predisposiciones genéticas pueden establecer el escenario para el tiempo que alguien podría vivir, las acciones individuales siguen siendo clave para extender la vida y mejorar su calidad. Estudios futuros pueden aclarar aún más el grado en que los factores genéticos y ambientales contribuyen a la esperanza de vida humana, ofreciendo nuevas ideas sobre el potencial de intervención y mejora del envejecimiento saludable.
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