Un estudio global en el que participaron más de 200.000 adultos de 22 países ha revelado una fuerte correlación entre el cumplimiento de las amistades y la mejora de la salud física y mental. La investigación, publicada en el Journal of Mental Health, destaca el papel crítico de las conexiones sociales de alta calidad en la determinación del bienestar general. Los hallazgos subrayan la necesidad de que las políticas de salud pública incorporen la importancia de los vínculos sociales y familiares en la promoción de los resultados de salud. El estudio, dirigido por el Dr. Veli Durmuş de la Universidad de Ciencias de la Salud Kütahya en Turquía, examinó los datos recopilados del Global Flourishing Study (GFS).
Esta iniciativa abarca múltiples continentes, incluidos Europa, América, Asia, Oceanía, Oriente Medio y África. Los participantes fueron encuestados sobre su satisfacción con las amistades y las relaciones, su estado de salud mental y física, y otros factores demográficos como el ingreso, la educación y la afiliación religiosa. El GFS tiene como objetivo identificar los elementos que contribuyen al florecimiento humano en diversas culturas y sociedades.
Estos resultados sugieren que el mantenimiento de fuertes lazos sociales durante la edad adulta juega un papel fundamental en la salud a largo plazo. Si bien las relaciones familiares positivas en la infancia también contribuyeron a mejores resultados de salud, el efecto fue menos pronunciado en comparación con el impacto de las amistades adultas. El estudio reveló variaciones en las puntuaciones de salud mental basadas en grupos de edad. Las personas de 65 años o más reportaron puntuaciones de salud mental más altas en comparación con las de entre 30 y 40 años. Por el contrario, los adultos más jóvenes de 18 a 34 años mostraron una salud mental relativamente mejor.
Además, estar casado, tener recursos financieros adecuados y identificarse con una religión en particular se asociaron con mejores indicadores de salud mental y física. También se observaron diferencias geográficas. Los participantes de Indonesia informaron los niveles más altos de satisfacción con sus amistades y relaciones, mientras que los de Japón expresaron los niveles más bajos de satisfacción. Estas disparidades destacan la compleja interacción entre las normas culturales, las estructuras sociales y el bienestar individual.
Durmuş explicó que, si bien las relaciones familiares tempranas pueden influir en los resultados de salud más adelante en la vida, los entornos sociales de los adultos siguen siendo dinámicos y pueden reforzar o alterar los efectos de las experiencias pasadas. Las amistades, las asociaciones románticas y otras relaciones interpersonales continúan dando forma al estado mental y físico de un individuo a lo largo de su vida. La investigación subraya la necesidad de que las iniciativas de salud pública consideren el contexto más amplio de las interacciones sociales al desarrollar estrategias destinadas a mejorar la salud de la población. Se insta a los responsables políticos a integrar la comprensión de las conexiones sociales y familiares en los marcos nacionales de salud.
Tales enfoques podrían potenciar la atención preventiva y promover el bienestar integral al abordar los determinantes biológicos y psicosociales de la salud.
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