Ankica Škrtić ganó su primera carrera descalza en 1946, un momento que se convertiría en emblemático de la compleja interacción entre los deportes, la política y la igualdad de género en la Yugoslavia comunista.
Estos logros fueron celebrados en la prensa como símbolos de movilidad social y empoderamiento femenino, historias elaboradas por el Partido Comunista para mostrar los beneficios de su ideología. La narrativa alrededor de Škrtić fue cuidadosamente construida. Fue retratada como una mujer de la clase trabajadora que, a través del estímulo del estado, encontró el éxito en el deporte. Esta imagen se alineó con los esfuerzos más amplios del gobierno yugoslavo para promover la aptitud física y la disciplina colectiva entre los ciudadanos. El régimen vio el deporte como una herramienta para dar forma a una nueva ciudadanía socialista, que era saludable, disciplinada e igual.
Las mujeres, en particular, fueron alentadas a participar en programas deportivos masivos, que se enmarcaron como oportunidades para el avance personal dentro de un sistema que de otro modo restringía sus roles en la vida pública. El historiador Ivan Simić ha examinado cómo estas narrativas funcionaron como propaganda. Señala que el estado promovió activamente historias de mujeres que superaron dificultades para lograr el éxito deportivo, a menudo enfatizando sus orígenes humildes y el poder transformador del socialismo. Estos cuentos sirvieron a múltiples propósitos: reforzaron la legitimidad del régimen, demostraron los beneficios de sus políticas y desafiaron sutilmente las normas tradicionales de género.
El estado también buscó alinearse con las tendencias globales, particularmente la influencia soviética, que enfatizó tanto la salud física como la igualdad de género. Un ejemplo de ello proviene de Bosnia, donde una joven llamada Šemsa participó en una carrera de relevos para celebrar el cumpleaños de Josip Broz Tito.
Los medios de comunicación aclamaron las acciones de Šemsa como prueba del éxito de la revolución en la promoción de los derechos de las mujeres, incluso cuando los líderes religiosos permanecieron escépticos. A pesar de estos esfuerzos, el impulso por la igualdad de género en el deporte se enfrentó a limitaciones.
Estas cifras sugieren que, si bien el estado pretendía aumentar la participación femenina, persistieron las barreras estructurales. Los fundamentos ideológicos de esta política eran claros. El Partido Comunista veía el deporte como un medio para fomentar la unidad y la disciplina, valores esenciales para mantener el control sobre una nación fragmentada. Al mismo tiempo, utilizó los éxitos de los atletas individuales, particularmente las mujeres, para proyectar una imagen de progreso y modernidad. Sin embargo, la realidad era más matizada. Muchos deportes dominados por hombres, como el fútbol y el boxeo, permanecieron fuera de los límites para las mujeres, a menudo citando preocupaciones sobre los riesgos para la salud.
Las autoridades religiosas también se resistieron a algunos aspectos de la agenda del estado, destacando la tensión en curso entre los ideales seculares y las creencias tradicionales. Estas dinámicas reflejan un patrón más amplio en la Europa de la posguerra, donde los movimientos políticos buscaron remodelar las normas sociales a través de instituciones culturales como los deportes. Las historias de mujeres como Škrtić y Šemsa no eran solo sobre logros atléticos, sino sobre identidad, resistencia y lucha por la autonomía. A medida que pasaban las décadas, estas narrativas continuaron evolucionando, moldeadas tanto por presiones internas como por influencias externas.
Hoy en día, el legado de esta era sigue siendo visible en las discusiones sobre género y deporte, ofreciendo una lente única a través de la cual examinar la intersección de la política, la cultura y la agencia personal.
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