7 mil millones de francos suizos retirados de cuentas bancarias durante las primeras dos semanas de agosto. Esta tendencia refleja las crecientes preocupaciones entre los rusos por la estabilidad financiera, las restricciones de Internet y las políticas fiscales impuestas por el Kremlin. Según el corresponsal de Rusia de SRF, Calum MacKenzie, estos retiros son impulsados por varios factores, incluido el aumento de la censura de Internet, que interrumpe el acceso a los servicios bancarios, los impuestos al valor agregado más altos destinados a financiar el conflicto en curso en Ucrania y los rumores de una posible movilización militar o inestabilidad sistémica.
La escala de estos retiros de efectivo marca un aumento notable en comparación con períodos anteriores de incertidumbre económica, como después de la invasión a gran escala de Ucrania por Rusia en 2022. Si bien patrones similares han ocurrido antes, el nivel actual de actividad supera los récords anteriores. La razón principal detrás de este cambio parece ser el desafío práctico de realizar transacciones sin acceso confiable a Internet, lo que lleva a muchos rusos a almacenar moneda física como precaución. A pesar de la especulación de los medios que sugieren una potencial "corriente bancaria" que podría socavar la confianza en el sistema bancario, los expertos advierten contra tales predicciones desastrosas.
Aunque aproximadamente diez mil millones de francos fueron retirados de los bancos rusos en dos meses, el total de depósitos privados asciende a alrededor de 640 mil millones de francos, lo que indica que la situación sigue estando lejos de ser crítica. Actualmente no hay evidencia que sugiera un pánico generalizado o pérdida de confianza en las instituciones financieras que conduciría a un colapso sistémico. Los rumores que circulan sobre posibles restricciones gubernamentales a los saldos bancarios no han influido significativamente en la reciente ola de retiros. La confiscación de ahorros privados supondría riesgos políticos sustanciales para el Kremlin, especialmente dada la creciente insatisfacción pública.
En cambio, los individuos parecen motivados más por preocupaciones prácticas inmediatas que por el temor a la intervención estatal. El Kremlin enfrenta desafíos crecientes en la financiación de sus operaciones militares en medio del creciente descontento interno. Con los flujos de ingresos tradicionales de las exportaciones de petróleo y gas resultando insuficientes, el gobierno ha recurrido a aumentar los impuestos, aunque muchos ciudadanos eluden estos aumentos utilizando efectivo. Esta estrategia, aunque efectiva para algunos, exacerba las tensiones entre el estado y su población. A medida que continúa el conflicto, el Kremlin debe explorar métodos alternativos para financiar sus esfuerzos.
Las opciones incluyen pedir dinero prestado, aunque las altas tasas de interés lo hacen costoso, o exprimir aún más a las empresas estatales y aumentar los impuestos. Sin embargo, estas medidas conllevan sus propios riesgos políticos y pueden profundizar las quejas existentes entre la población. La situación destaca la compleja interacción entre la política económica, el gasto militar y el sentimiento público en la Rusia contemporánea.
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