Los fiscales militares colombianos han acusado al coronel Carlos Didier Pérez Amorocho de delitos graves, incluyendo conspiración para cometer delitos, auto soborno y posesión ilegal de armas. El coronel fue arrestado esta semana en Bogotá y enfrenta acusaciones de recibir pagos de los disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Los fiscales afirman que aceptó dos pagos separados, uno por valor de 15 millones de pesos hace cinco años en Arauca, y otro de 30 millones de pesos semanales desde julio de 2025 en Nariño.
Según la acusación, el primer pago se produjo en 2020 mientras Pérez Amorocho comandaba un batallón con sede en Puerto Jordán, Arauca. En ese momento, supuestamente acordó reducir la ofensiva militar contra el Frente Oriental del ELN a cambio de una compensación financiera. Este acuerdo supuestamente tenía como objetivo debilitar los esfuerzos del estado contra el grupo guerrillero. En 2025, después de asumir el mando de una unidad de élite en Nariño, Pérez Amorocho está acusado de negociar pagos semanales de 30 millones de pesos del bloque Alfonso Cano del Segundo Marquetalia, un grupo escindido de ex rebeldes de las FARC.
Estos fondos supuestamente estaban destinados a asegurar inteligencia sobre movimientos militares, facilitando el contrabando de narcóticos, armas, municiones y efectivo. Las presuntas actividades de la unidad de Pérez Amorocho abarcaron varios municipios en Nariño, incluidos Tumaco, Francisco Pizarro, Olaya Herrera y Roberto Payán, así como partes de Cauca y Valle del Cauca. Los fiscales alegan que el coronel orquestó acciones que socavaron directamente las operaciones militares. En abril de este año, se dice que su unidad obstruyó el avance de las tropas hacia un lugar específico en Nariño, permitiendo que los líderes de grupos armados escaparan a través de lanchas rápidas.
Según la investigación, Pérez Amorocho ordenó a sus soldados que arrojaran las drogas incautadas al río para que el grupo las pudiera recuperar más tarde. Los cargos incluyen conspiración para cometer delitos, que implica colaborar con grupos armados ilegales, y auto soborno, que se relaciona con la aceptación de pagos ilícitos. Además, se enfrenta a acusaciones de fabricación, tráfico y posesión de armas y municiones restringidas a las fuerzas armadas.
El caso destaca los desafíos en curso en la lucha contra la corrupción y la colusión dentro de las filas militares. Subraya la amenaza persistente planteada por los restos de antiguos grupos rebeldes que operan bajo nuevos nombres y estructuras. La evidencia de la fiscalía incluye documentos físicos y testimonios que detallan las supuestas transacciones y el apoyo operativo proporcionado por el coronel a estos grupos. Su arresto marca un paso significativo en la lucha contra las amenazas a la seguridad interna, aunque el proceso legal determinará el resultado final.
A medida que se desarrollen los procedimientos judiciales, el caso probablemente atraerá la atención de los observadores nacionales e internacionales interesados en la efectividad de las estrategias de contrainsurgencia de Colombia y su capacidad para responsabilizar a los funcionarios de alto rango por mala conducta. El juicio también puede influir en las políticas futuras destinadas a prevenir casos similares y reforzar la disciplina dentro de las fuerzas armadas. Por ahora, el foco sigue estando en los argumentos legales y las pruebas presentadas por la fiscalía.
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