En abril del año pasado, un vuelo de Wizz Air que salía del aeropuerto de Luton evitó por poco un accidente catastrófico debido a un error crítico cometido por los pilotos durante los preparativos para el despegue. Según la División de Investigación de Accidentes Aéreos del Reino Unido (AAIB), los pilotos no ingresaron correctamente los parámetros esenciales de "velocidades V" que determinan la velocidad a la que una aeronave debe comenzar a despegar en el sistema informático del avión. El Boeing 737 Max despegó pocos segundos antes de quedarse fuera de la longitud de la pista, despegando a una altitud peligrosamente baja de solo cuatro metros sobre el nivel del suelo. Esto ocurrió a pesar de las regulaciones mínimas de seguridad que requieren una altura de 11 metros para eliminar obstáculos. El vuelo transportaba a 162 pasajeros, cuatro miembros de la tripulación de cabina y dos pilotos. Los investigadores notaron que si se hubiera producido una falla del motor durante el despegue, las consecuencias podrían haber sido revisadas. El error severo se debió a que los controladores de tráfico aéreo ofrecieron a los pilotos una ruta más corta para comenzar el despegue, lo que los llevó a ajustar el motor, sin embargo, y después del incidente, el operador no ajustó adecuadamente los valores de la velocidad de rotación, y no redujó adecuadamente los valores.
Lectura del sesgo (Centro): El artículo presenta un relato fáctico de un incidente de aviación casi fatal, citando informes oficiales y análisis técnicos sin un marco ideológico aparente o un lenguaje sesgado. Se centra en errores de procedimiento y protocolos de seguridad en lugar de actores políticos o decisiones.




