La argentina Analía Castro fue una vez parte de un triunfo cinematográfico que le valió un Oscar y cautivó a Robert De Niro, pero hoy elige vivir lejos de las cámaras. Su viaje comenzó cuando apareció en *El Club de Anteojito*, un programa de televisión presentado por Berugo Carámbula y Gachi Ferrari, que llamó la atención del representante artístico de Canal 13.
Castro recordó haber sido descrita como "muy cara rota", es decir, alguien que se rompe fácilmente o es vulnerable, durante sus primeros días en el centro de atención. Se hizo conocida por su encanto natural y su capacidad para mezclarse en entornos adultos sin esfuerzo. Esta cualidad atrajo al buscador de talentos del canal, que pronto le pidió a su madre su número. Poco después, Castro fue elegida para la telenovela *Amada* junto a Libertad Lamarque, donde tuvo un papel notable a pesar de perderse a menudo en los pasillos, jugando con juguetes en lugar de centrarse en sus escenas.
Su tiempo en el set estaba marcado por una sensación de libertad y curiosidad. Ella entraba a escondidas en las oficinas de los directores pidiendo papel para dibujar, y a veces incluso interrumpía la filmación alegando que estaba dibujando. A pesar de esto, era protegida y guiada por su madre, que la acompañaba a todas partes, aunque Castro a menudo desaparecía, apareciendo repentinamente en los vestuarios o charlando con los miembros del equipo. El equipo de producción tuvo que ser paciente, ya que con frecuencia la buscaban entre tomas.
La aparición de Castro junto a Lamarque llamó la atención del director Luis Puenzo, quien inmediatamente se puso en contacto con su madre para que interpretara a Gaby, un personaje adoptado ilegalmente durante la dictadura militar argentina.
A pesar de su corta edad, Castro mostró una confianza inesperada en el set. Una vez se negó a interpretar una escena, diciéndole a Puenzo que no le gustaba y quería rehacerla. Esta audacia sorprendió a todos, incluido al propio Puenzo. Detrás de la cámara, Castro encontró más interés que actuar. Disfrutaba observando cómo se filmaban las escenas, sintiendo una fuerte conexión con el lado técnico del cine en lugar del aspecto de la actuación.
En la película, Castro encontró consuelo y apoyo en sus padres ficticios, interpretados por Norma Aleandro y Héctor Alterio.
El éxito abrumador de *La historia oficial* trajo reconocimiento internacional, ganando el prestigioso Oscar a la Mejor Película en Lengua Extranjera en 1985. Esto abrió nuevas puertas para Castro, con Puenzo queriendo llevarla a los Estados Unidos.
Después de su papel en *La historia oficial*, Castro continuó apareciendo en otros proyectos como *La fiesta* (1987). Sin embargo, en la adolescencia, decidió retirarse de la industria del entretenimiento, optando por una vida más tranquila lejos del ojo público. Cada año alrededor del 24 de marzo, su teléfono suena repetidamente cuando la gente busca información sobre su pasado, particularmente con respecto a *La historia oficial*.
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