Después de 112 años, la osprey ha vuelto a anidar en Suiza por primera vez desde 1914, marcando un exitoso esfuerzo de reintroducción. Un par de ospreys se ha instalado en un nido en la región de los Tres Lagos, con tres aves jóvenes que nacen a principios de primavera. La ubicación del nido permanece sin revelar para proteger la tranquilidad del sitio de reproducción. La iniciativa de reintroducción comenzó hace más de una década, después de una extensa planificación y colaboración entre conservacionistas, ornitólogos y autoridades locales. Desde 2015, la asociación ha reubicado 66 polluelos de osprey, principalmente procedentes de Noruega y Alemania, en recintos cerca de Sugiez en la parte de habla francesa de Suiza.
Estas crías fueron criadas en aviarios sin contacto humano antes de ser liberadas. Este método, conocido como translocación, se ha aplicado con éxito en otras partes de Europa desde 1996. Una de estas aves translocadas, un macho marcado con un anillo azul numerado, ha regresado a la zona de los Tres Lagos para reproducirse. Los avispas son aves altamente territoriales con una envergadura de hasta 170 centímetros. Una vez que alcanzan la madurez en alrededor de tres a cuatro años, regresan instintivamente a su lugar de nacimiento para anidar. El proyecto de reintroducción se basa en este comportamiento innato. El macho, identificado como Diawling, fue liberado en 2020 y desde entonces se ha convertido en una figura clave en la historia de éxito.
Su contraparte hembra, cuyo origen se desconoce, fue observada previamente en el verano de 2025, pero aún no estaba lo suficientemente madura como para reproducirse. Sin embargo, el equipo mantuvo la esperanza de que regresaría al año siguiente. En invierno, ambas aves pasaron tiempo en África, un patrón migratorio común para los avispas. Al regresar, encontraron el nido preparado por voluntarios de la asociación en una de las treinta plataformas construidas en la región de los Tres Lagos. A pesar de las condiciones inusualmente frías y lluviosas durante la primavera, que a menudo conducen a altas tasas de mortalidad entre el tercer polluelo, las tres crías sobrevivieron. La tasa de supervivencia se considera notable dados los desafíos que enfrentan.
La siguiente fase crítica para los jóvenes ospreys será su migración a África, que se espera que tenga lugar a finales de agosto. Las estadísticas indican que aproximadamente el 80 por ciento de los rapaces juveniles no sobreviven el viaje. Si las aves logran completar el vuelo, podrían regresar a la región de los Tres Lagos dentro de dos años. Su eventual regreso significaría un éxito duradero para los esfuerzos de conservación emprendidos por la asociación y sus socios. El regreso del osprey representa más que un hito biológico, simboliza la efectividad de los proyectos de restauración ecológica a largo plazo.
Con una cuidadosa planificación, la participación de la comunidad y la supervisión científica, la especie se ha establecido una vez más en un hábitat que había dejado vacío durante más de un siglo. A medida que las aves jóvenes se preparan para su viaje, la esperanza es que continúen el ciclo de vida, asegurando la presencia del oso pescado en Suiza para las generaciones venideras.
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