La operación de rescate de Colombia después de un poderoso terremoto entró en su fase final el miércoles, y los funcionarios reconocieron las escasas posibilidades de encontrar sobrevivientes adicionales en medio del creciente número de muertos. 4 terremoto, el más fuerte que ha golpeado al país en décadas, golpeó cerca de San José del Palmar en la región noroccidental de Choco el lunes por la mañana, provocando una devastación generalizada en todo el oeste de Colombia.
Sin embargo, una plataforma de seguimiento no oficial indicó que más de 4.100 personas seguían desaparecidas, destacando la incertidumbre que rodea el verdadero alcance de la tragedia. Los equipos de rescate continuaron sus esfuerzos durante la noche, operando bajo la presión de la ventana de 72 horas considerada crucial para localizar sobrevivientes. El alcalde de Cali, Alejandro Eder, declaró que si bien las probabilidades de encontrar más personas con vida estaban disminuyendo, las tripulaciones habían detectado signos de vida debajo de los escombros y enfatizaron la importancia de continuar la búsqueda.
La rescatista voluntaria Johana Sánchez describió el meticuloso proceso de búsqueda de sobrevivientes en Cali, señalando que tres personas habían sido rescatadas con vida y tres encontradas muertas. Detalló cómo los equipos se detenían cada 30 minutos para escuchar cualquier indicio de vida, lo que refleja la naturaleza meticulosa del trabajo que se estaba llevando a cabo después del desastre. El terremoto dejó cientos de edificios derrumbados y miles de hogares dañados o destruidos.
El terremoto se produjo en Choco, el epicentro del terremoto, y se enfrenta a desafíos particulares debido a su ubicación remota y las debilidades de infraestructura existentes. La región, históricamente marcada por el conflicto y la pobreza, vio sus dificultades agravadas por el terremoto. Las interrupciones de las comunicaciones han obstaculizado las evaluaciones de los daños en áreas accesibles solo por el río, complicando aún más los esfuerzos de socorro.
La ayuda internacional está comenzando a llegar, con los Estados Unidos prometiendo más de $ 15 millones en asistencia de emergencia y el envío de equipos de respuesta. México ha enviado aviones militares que transportan casi 20 toneladas de alimentos y personal de seguridad, mientras que El Salvador ofreció dos aviones cargados con 100 toneladas de suministros. Un equipo de búsqueda y rescate mexicano, que llegó directamente de Venezuela, se unió a los esfuerzos, trayendo experiencia de una nación recientemente afectada por una actividad sísmica significativa. El presidente Abelardo de la Espriella declaró un estado de emergencia nacional poco después de asumir el cargo, lo que señala la gravedad de la crisis.
Su administración se ha coordinado con organizaciones internacionales, incluido el Consejo Noruego de Refugiados y las Naciones Unidas, para abordar las necesidades inmediatas de la población afectada. El gobierno también ha aprovechado las iniciativas existentes de consolidación de la paz en la región para agilizar los esfuerzos de respuesta a los desastres. A medida que continúa la búsqueda, el enfoque cambia hacia la recuperación y la reconstrucción a largo plazo. Con más de 140 edificios completamente derrumbados y decenas de miles de hogares dañados, el desafío se extiende más allá de las operaciones de rescate inmediatas.
Mientras tanto, el impacto psicológico sobre los sobrevivientes y la comunidad en general es grande, lo que requiere atención y recursos sostenidos. El terremoto ha puesto a prueba la resiliencia de las instituciones de Colombia y ha puesto de relieve las vulnerabilidades de sus poblaciones más vulnerables. Si bien la respuesta inmediata ha demostrado coordinación y determinación, el camino a seguir sigue cargado de desafíos. Las próximas semanas determinarán si la nación puede reconstruir no solo sus estructuras físicas, sino también la confianza y la estabilidad necesarias para recuperarse de esta catástrofe sin precedentes.
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