Ellos eran los tres familiares de Javier Fernández, el cantante del gol, encontrados muertos tras colapso del edificio Ana Pilar en Cali
Los equipos de rescate en el sur de Cali confirmaron el descubrimiento de tres personas fallecidas, Martín Vivas Jiménez, de 10 años; su madre, Alejandra Vivas Jiménez, de 35 años; y su abuela, Amparo Jiménez Barona, de 78 años, que eran familiares cercanos del reconocido comentarista deportivo Javier Fernández, conocido como 'el cantante del gol'. Las muertes ocurrieron después del derrumbe del edificio Ana Pilar, que fue afectado por un terremoto que azotó el suroeste de Colombia el 10 de agosto de 2026. Desde el desastre, la familia de las víctimas y la comunidad local permanecieron en el sitio esperando actualizaciones sobre los atrapados. Fernández, que estaba en el extranjero durante el terremoto, utilizó ampliamente las redes sociales para compartir fotos de sus seres queridos, orar y buscar apoyo para los esfuerzos de rescate. Según los informes, el terremoto afectó a muchos miembros de su familia en pérdidas materiales, incluidas las que sufrieron sus hijas.
El 16 de agosto de 2026, tres miembros de una familia cercana fueron encontrados muertos bajo los escombros del derrumbado edificio Ana Pilar en Cali, Colombia. Las víctimas fueron Amparo Jiménez, de 78 años; su hija Alejandra Vivas Jiménez, de 35; y su nieto, Martin Vivas Jiménez, de 10. Eran familiares de Javier Fernández, conocido como "el cantante del gol", un conocido comentarista deportivo que había estado buscando activamente noticias de su familia a través de las redes sociales desde el terremoto ocurrido el 10 de agosto.
El desastre causó daños generalizados en varios departamentos, incluida la parte sur de Cali, donde el edificio Ana Pilar estaba entre las estructuras gravemente afectadas. Los rescatistas pasaron más de cinco días buscando entre los escombros, trabajando incansablemente en condiciones difíciles para localizar a los sobrevivientes. A pesar de sus esfuerzos, los cuerpos de los tres miembros de la familia finalmente fueron recuperados. Javier Fernández, que estaba fuera del país en el momento del terremoto, utilizó sus plataformas de redes sociales para compartir actualizaciones y fotografías de sus familiares, instando a la gente a orar por su seguridad. Expresó la esperanza de que fueran encontrados vivos e ilesos.
Sus mensajes resonaron ampliamente, atrayendo el apoyo de amigos, familiares y la comunidad en general. Sin embargo, la noticia de sus muertes fue un golpe devastador, confirmado por las autoridades después de más de 72 horas de operaciones de búsqueda que involucraron a los servicios de emergencia locales y grupos de voluntarios. En un mensaje sincero compartido a través de las redes sociales, una de las familiares cercanas de la familia, Marcela, describió el costo emocional de perder a tales seres queridos. Habló de ellos como el corazón de la familia, la fuente de alegría y unidad, y se preguntó cómo podría continuar la vida sin ellos. Sus palabras se hicieron eco del dolor que sentían muchos que habían seguido la búsqueda con profunda preocupación.
La respuesta oficial de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos (UNGRD) destacó la magnitud del desastre, señalando que hasta el 16 de agosto, el terremoto había afectado a 15 departamentos y 448 municipios. Más de 54,080 familias se vieron afectadas, con 115,461 personas identificadas como víctimas. La cifra de muertos fue de 289, mientras que otras 4,187 resultaron heridas y 143 permanecieron desaparecidas. Un total de 353 personas fueron rescatadas con éxito de edificios derrumbados. Los esfuerzos para limpiar los restos y ayudar a los afectados continuaron, con puestos de comando unificados activos en Cali y otras regiones.
Las autoridades locales y los equipos de rescate trabajaron juntos para evaluar los daños, remover los escombros y brindar atención urgente a los necesitados. El incidente ha provocado nuevos llamados a mejorar los estándares de construcción y la preparación para desastres, especialmente en áreas propensas a la actividad sísmica. Mientras la comunidad llora la pérdida de estas tres vidas, el recuerdo de su resistencia y amor perdura. Su historia sirve como un recordatorio conmovedor de la fragilidad de la vida y la fuerza duradera de los lazos familiares en tiempos de crisis. La búsqueda de respuestas continúa, tanto en el sentido físico como en los corazones de los que quedaron atrás.
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